Eric y el Hombre-Chancho, un cuento de John Wain

La visión que tiene mi hijo Tony de los hombres chancho.

La visión que tiene mi hijo Tony de los hombres chancho.

Sí que fueron largas las vacaciones que se tomó Bueno, Bonito y Letrado. Yo, sin embargo, no estuve realmente de vacaciones, pero eso es otra historia. Lo que sí puedo decir es que estoy contenta de escribir de nuevo para este blog y traigo un texto que había estado dando vueltas en mi cabeza harto tiempo. Durante el segundo semestre del año pasado fui ayudante de un curso de teoría crítica literaria en Letras Inglesas UC. Fue genial trabajar con Andrea Casals, la profesora de ese curso, y también poder participar en una asignatura completamente en inglés; feliz, de hecho, de haber podido hacer algunas clases en inglés. Como trabajo final, los estudiantes tenían que escribir un paper para el cual les propusimos un corpus de cuentos de entre los cuales tenían que escoger para su artículo. Uno de esos cuentos era “A Message from the Pig-Man” de John Wain. Cuando lo leí, amé el cuento y tuve ganas de escribir algo al respecto, pero preferí no hacerlo porque era uno de los relatos que podían usar los estudiantes del curso. No es que fueran lectores de mi blog necesariamente, pero, en fin, me dije que era mejor de esta manera.

El cuento se centra en la figura de un niño de cinco años, casi seis, que está pasando de llamarse Ekky (es decir, de ser tratado como niño) a usar su verdadero nombre, Eric. Y el Pig-Man, el Hombre-Chancho, es una figura misteriosa que ronda la casa: ¿un híbrido, un monstruo; un animal o un hombre? El niño no lo sabe, pero le teme, especialmente a lo desconocido, a no saber efectivamente qué es y, por lo tanto, no tener las herramientas para lidiar con él. Entonces es puesto a prueba cuando su madre le pide que tome el balde con restos orgánicos y le dé alcance al Hombre-Chancho y se lo dé.

Mi hijo Tony y sus hombres chancho

Mi hijo Tony y sus hombres chancho

Cuando lo terminé me dije que debía leérselo a mi hijo, que cumplió cinco en diciembre. No lo he hecho, porque tengo el cuento en inglés; pero sí estoy trabajando en una traducción. ¿Por qué pensé inmediatamente en mi hijo? Bueno, uno de los aspectos notables del texto es cómo la narración gira en torno a Ekky-Eric. El niño no es solo una excusa, sino que la perspectiva del relato está en él; el narrador quiere compartir su visión y, por lo tanto, su opinión del mundo adulto. Al hacerlo, Wain grafica de manera natural y sin la necesidad de decirlo literalmente, el quiebre entre el mundo de la infancia y mundo adulto; la distancia que se produce entre ambos y, por supuesto, el problema que se suscita con el lenguaje. El niño y su madre tienen un problema de comunicación básico: hablan (o entienden) distintos idiomas. Mientras el niño es directo y dice lo que piensa y lo que quiere, por lo cual no es extraño que se imagine un hombre con patas de chancho, aunque la lógica le haga desechar esa idea, después de todo, si el Pig-Man no tiene manos, ¿cómo podría llevarse el balde? La madre, en cambio, siempre prefiere lo tangencial, los eufemismos, los cambios de tono (Eric vuelve a ser Ekky cuando ella quiere remarcar que es muy niño para entender lo que pasa entre ella y su padre) y finalmente el silencio.

La posición de la madre nos habla de la posición del mundo: ver al niño como alguien que no es un ser completo, sino que un adulto en potencia y, por lo tanto, un adulto en falta, es decir, incapaz de comprender. Pero la madre no quiere decirle a su hijo que el padre ya no vivirá más con ellos y que ella tiene un nuevo novio porque ¿Eric no sería capaz de entenderlo o porque ella no es capaz de reconocer la situación? ¿O tal vez es una forma de hacerle el quite al conflicto? Y, sin embargo, a pesar del choque en la comunicación, del querer restarle voz al niño, Eric es capaz de hacerle frente al Pig-Man, a sus miedos y reconocer las preguntas que lo agobian. Es decir, aunque los adultos no le den crédito total, como se lo daría a un adulto, él no lo necesita para tomar sus propias decisiones, llegar a sus propias conclusiones y aprender del mundo.

El escritor John Wain

El escritor John Wain

Más allá de estas disquisiciones acerca del niño, su voz y su agencia (y claro que la tienen), “A Message from the Pig-Man” es una delicia de leer, tan bien escrito, fluido; pero también cómo se conforma este niño que pareciera que se puede tocar. En el caso de la madre no queda, sin embargo, como un personaje unidimensional; en su reticencia a tocar ciertos temas, la vemos también como una mujer con problemas, confundida, temerosa de remover ciertos aspectos de la vida. A todo esto, Wain era considerado parte de los Angry Young Men, denominación que se dio a un grupo de escritores británicos en la década de 1950, en que uno de los más renombrados pueda ser el dramaturgo John Osborne, quien escribió Don’t look back in anger (1956), de más está decir que ese título se transformó en un emblema que ha sido retomado una y otra vez, incluso por aquel hermano conflictivo: Noel Gallagher, quien tituló así una de las canciones de (What’s the story) Morning Glory? (1996). Otros hombres airados fueron Harold Pinter, Kingsley Amis y Alan Sillitoe. Y Wain también fue parte de los Inklings, el grupo de intelectuales de Oxford que reunía a un par de famosos: C. S. Lewis y J. R. R. Tolkien. Por el momento solo puedo decir: ¡wow! Y seguir buscando otros textos escritos por Wain.

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Vidas mínimas por Doris Lessing

Doris Lessing recibió el Premio Nobel de Literatura en 2007.

Doris Lessing recibió el Premio Nobel de Literatura en 2007.

Ya ha pasado su tiempo desde que Doris Lessing murió (el 17 de noviembre) y no es que haya necesitado estas semanas (solo) para digerir la noticia, después de todo, su obra sigue aquí; pero no estaba segura sobre qué escribir. No quería convertir estas líneas en una sarta de lugares comunes o en una biografía que bien se puede sacar de Wikipedia. Así que después de darle vueltas al asunto, decidí ir a lo específico –muy específico, incluso-, hablar de un cuento: “El sol entre las patas”. Esta historia aparece en el volumen Un hombre y dos mujeres (publicado originalmente en 1963). Con respecto al título fue amor a primera vista por dos motivos. Primero la presencia del sol, sobre lo cual no tengo más que decir que fue pura intuición; pero luego estaban “las patas”, no los pies, sino las patas, lo que ya hacía prever que sería posible encontrar una perspectiva diferente en el relato.

El cuento nos presenta un espacio al aire libre, en que el sol es protagónico. Se nos habla de cómo va haciéndose más grande y fuerte a medida que avanza la mañana, dando lugar a un lugar muy seco sin llegar a ser un completo desierto. Algunas palabras nos ayudan a situarnos en África, se menciona a los bosquimanos, por ejemplo, y sabemos que estamos en una reserva, pero no hay más seres humanos que una mujer. “Había llovido la noche anterior, la corta hierba que me rozaba los tobillos estaba todavía húmeda y el primer sol no había tocado la arena. Había un afilado saliente de roca en mitad del espacio. La roca estaba húmeda y yo sentía que la humedad caliente subía por mis piernas desnudas (58). Ese párrafo es una muestra del detalle con que la narradora nos habla del espacio y también es el párrafo en que se posiciona, la narradora habla desde un yo, pero no busca relatar su experiencia, sino la experiencia de otros.

La portada de Un hombre y dos mujeres

La portada de Un hombre y dos mujeres

Esos otros son dos escarabajos peloteros, de esos que forman bolas con el estiércol y las trasladan. Página tras página –no tantas, sin embargo, es un relato breve-, la narradora cuenta la lucha de los dos escarabajos en contra del espacio y los obstáculos que encuentran. Aquella pequeña saliente de roca que se menciona en el texto será el gran impedimento de los dos escarabajos y su bola de estiércol que una y otra vez se devuelve o va a parar al agua, pero nunca al lugar que ellos esperan. La mujer que nos va contando cómo el sol llega a su punto más alto y luego empieza a descender dando a entender que los escarabajos han estado enfrascados todo el día en una tarea que probablemente no logarán cumplir, no será siempre una testigo pasiva, sino que tratará de encauzar a los escarabajos sin éxito. Al final cada uno se labra su propio camino, aunque no nos lleve a ningún lado.

Tenía razón con que lo de las patas era llamativo, no eran patas de un mamífero como había pensado cuando me topé por primera vez con ese título; la historia de esos dos perseverantes escarabajos era inesperada. Una pequeña historia contada con maestría por Lessing, dando a entender que no hay criaturas pequeñas, o más bien que tanto las criaturas grandes como las pequeñas, tienen su propia vida y toman sus propias decisiones. En cuanto al sol del título, no se trata de la gran bola incandescente del cielo, aunque el cuento nos lo trae a colación en forma constante, sino de la pequeña bola de estiércol de los escarabajos, ese es su sol, en torno a esa bola es que gira su mundo. Una belleza de relato.

Y recordando algunos datos biográficos, “El sol entre las patas” ocurre claramente en Rodesia, donde Lessing vivió por más de veinte años cuando era joven. Dice en el cuento: “Porque se conservaban restos de fortificaciones construidas con tierra y piedras por los Mashona para defenderse de los Matabele, cuando llegaron cabalgando detrás del ganado y de las mujeres, antes de que Rhodes terminara con todo aquello” (57). Cecil Rhodes conquistó la región que terminó recibiendo su nombre. ¿Será la misma Lessing aquella mujer que presencia y relata la aventura de los escarabajos? Para seguir imaginando…

Libros ilustrados: leyendo El Misterioso Caso del Oso

La portada de El misterioso caso del oso, de Oliver Jeffers.

La portada de El misterioso caso del oso, de Oliver Jeffers.

A mi hijo Tony le encantan sus cuentos. Parte de la diversión de cada noche es correr a su dormitorio y elegir uno (en general, dos) de su estante para leer en la cama antes de dormir. A veces, incluso, decide incluir una lectura a la hora del desayuno, como hoy en que no se resistió a que leyéramos de nuevo El cuento de los conejtos Pelusa de Beatrix Potter. Gracias a ese cuento ha aprendido que soporífero quiere decir que da mucho sueño, y además adora saltar de aquí para allá diciendo que él es uno de los conejitos Pelusa.

Las últimas dos semanas Tony ha estado obsesionado con uno de sus libros de Oliver Jeffers: El misterioso caso del oso. Jeffers es un favorito, durante meses cada noche leímos Cómo atrapar una estrella y Perdido y encontrado. Son excelentes. En términos estéticos, las ilustraciones y diseño de los libros son hermosos y cautivantes. Me encantan los animales de piernitas flacas que aparecen en El misterioso caso…y también que cada pequeño detalle cuente. Tony nota algo distinto cada vez que lo leemos, como un avión de papel que antes no había visto en una de las esquinas de un dibujo.

El libro relata un misterio del que uno conoce la solución en la primera página: alguien está cortando las ramas de los árboles sin permiso. Sabemos desde el comienzo quién es, aunque el resto de los habitantes del bosque necesiten todavía averiguarlo. El verdadero misterio es por qué el oso necesita tanta madera.

La escena del alce-testigo que le gusta a Tony. Se puede ver la pequeña nube de vapor que sale de la boca del alce.

La escena del alce-testigo que le gusta a Tony. Se puede ver la pequeña nube de vapor que sale de la boca del alce.

En términos literarios, libros como este también son excepcionales, porque no buscan disminuir a los pequeños lectores, sino hablarles de igual a igual. Al principio me preocupaba cómo recibiría Tony, quien todavía no cumple los cuatro años, este libro con palabras como pesquisa, coartada o evidencia. Pero no se hace problemas, entiende la historia, algunos pasajes más que otros, y el resto los interpreta según sus experiencias y conocimientos; no se amilana porque no sepa qué es un testigo, aunque ahora tiene una leve idea de que es alguien que ha visto algo. El testigo en cuestión es un alce, y lo que más le gusta de esa escena, y me pregunta una y otra vez al respecto, es acerca de la nube que sale por la boca del animal: “Es vapor, le dijo yo, sale porque es una noche muy fría”. Y me contenta: “Sí, hace mucho frío”.

Uno de los mayores atractivos que tiene el libro para Tony es la doble línea de lectura. Él me pide que le lea los escasos textos, a veces dos o tres veces, y mueve sus pequeños deditos debajo de las letras para guiar mi lectura; pero también sigue el relato de aquello que solo el dibujo contempla y que es una expansión constante de la historia. A pesar de que Tony tiene una tendencia a querer que los cuentos sean siempre de la misma manera –de hecho, suele corregir la lectura que hacen otros, porque difiere de la que hago yo-, también explora otras vías a través de las ilustraciones, cambiando la forma en que leemos ciertos dibujos de un día para otro, no sé bien por qué, pero suelo imaginar que durante el día vio algo, aprendió algo, que lo ayuda a ver las ilustraciones desde una nueva perspectiva.

Martin Salisbury y Morag Styles –expertos en el área del libro ilustrado- dicen que los niños más pequeños no tienen todavía las herramientas lingüísticas necesarias para explicar una imagen con palabras y que incluso, pueden decir lo que piensan que uno, el adulto, espera oír, de tal manera que “el mundo que los niños están experimentando permanecerá inevitablemente algo así como un misterio para nosotros”. Yo siento constantemente eso cuando leemos libros como El misterioso caso del oso, que son en alguna medida desafiantes, porque no le dan al niño algo previamente masticado y fácil de digerir. En este caso, asumo que todas las referencias a las novelas detectivescas –que yo encuentro altamente divertidas- no llegan a Tony de la forma que me llegan a mí, pero igualmente las recibe y las procesa. Por ejemplo, en la contratapa se lee: “Una escalofriante historia de misterio, crimen, sospechosos, aviones de papel, un bosque y un oso que quería ganar a toda costa”. Yo veo el intertexto detectivesco; Tony, mmm, bueno, es parte del misterio. Pero sí sé que lo disfruta y que si no lo entendiera, no me pediría día tras día que lo leyéramos, ¿no?