Feo, de Armando Uribe: versos de espera

Portada de Feo, de Armando Uribe.

Portada de Feo, de Armando Uribe.

Proponerse escribir todos los días implica una constancia que llama mi atención. Yo misma, que suelo estar escribiendo, no logro enfocarme en uno solo tipo de escritura todos los días, como si se tratara de una meta que cumplir. En el  reciente poemario de Armando Uribe (1933), Feo, encontramos  más de cien poemas, que fueron escritos bajo ese propósito: cada día entre el 11 de mayo y el 11 de junio de 2010, Uribe escribía. En general, poemas breves de seis versos, muchas veces con rimas asonantes, y otras, versos libres.

Sabemos la progresión, porque los poemas están publicados cronológicamente, y aparecen fechados. Pero, ¿cuál es el propósito? ¿Debe haberlo? El autor nos dice en el prólogo que no se trata de un diario de vida y, sin embargo, el primer verso dice “Me leo en este libro abierto” (15). La lectura de este poemario me recordó Veneno de escorpión azul de Gonzalo Millán, cuyo subtítulo es “Diario de vida y de muerte”. Millán comenzó a escribir su diario poco después del diagnóstico de cáncer, por el que murió cuando tenía casi 60 años. Si bien es un diario, es también un poemario, intenso, emocionante: es, de hecho, un libro abierto en que lo leemos hasta poco antes de su muerte; leerlo, por ende, aunque hermoso literariamente, es difícil en términos personales.

Pensé en Millán constantemente, porque Feo, aunque no sea diario de vida propiamente tal, sí trata sobre la muerte, pero no esa imprevista y tremenda, sino una lenta, que llega con la vejez y que se hace esperar. ¿Hay un propósito, como preguntaba más arriba? Bueno, sería especular, pero el que cada poema esté numerado en forma correlativa, y que podamos ver el paso de un mes de vida con la muerte rondando en los versos del poeta, nos envuelve en su espera, nos involucra, haciéndonos sentir que “no morirse es el castigo” (170).

Feo gira en torno de la espera, la muerte, y también el escribir. Como lectores apenas podemos acceder a Armando Uribe, el hombre detrás de la voz lírica, sin embargo, su “vida manuscrita”, está ahí sin pretensiones más que las de compartir los momentos previos a “cuando la muerte llegue y se vaya la vida” (129). Como  sabemos que no podemos esquivar la muerte, la interrogante que queda es “¿Qué escribiremos en el Otro mundo?” (67). El hablante contesta que tal vez haya versos perfectos, pero yo destaco que la voz salga de su singularidad y nos incluya a todos en su pregunta. En la pregunta, en todo caso, no hay impaciencia, sino serenidad, como sucede a lo largo de la lectura de todo el poemario: aguardar con serenidad, revisando algunos pasajes de la vida, sí, pero sin caer en la desesperación, sino tratando de ver y decir las cosas tal cual son, en verso.

Uribe Arce, Armando. Feo. Santiago: LOM Ediciones, 2012.

Un dato

Para los que hayan quedado interesados, pueden bajar Veneno de escorpión azul desde el sitio de Memoria Chilena: http://www.memoriachilena.cl/temas/documento_detalle.asp?id=MC0050989

Esta reseña apareció originalmente en el sitio web del Diario Publimetro, donde tengo una columna de libros semanal.

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Entre lecturas

Los textos en proceso y atrás el sofá para la lectura.

Los textos en proceso y atrás el sofá para la lectura.

De vez en cuando veo que en internet aparecen clasificaciones de los lectores con respecto a cómo leemos: ¿un solo libro a la vez?, ¿varios?, etc. Yo he estado observando la forma en que leo. Durante el verano traté de concentrarme en un libro a la vez, ya que había pasado los últimos años leyendo muchas cosas a la vez, ya fuera para la universidad como intereses exclusivamente personales y de los cuales no solía escribir nada. Con artículos y tesis que escribir y un hijo que prefiere que leamos sus libros, yo suelo leer en el metro; no son muchas las estaciones, pero leo rápido.

Así había ido avanzando muy rápido con La muerte llega a Pemberley hasta que la dejé en pausa mientras leía ¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?, el cual leí concentradísima. Después di vueltas por una serie de textos que más bien picoteé hasta que volví a La muerte…, que terminé hace un par de días.

Ahora he vuelto a mis costumbres, leyendo Feo de Armando Uribe, En el reino de Timaukel de Nicolo Gligo y el breve texto de Auerbach “Filología de la literatura universal”. Todo a la vez, en distintos momentos del día para satisfacer distintas necesidades. Y el panorama es que seguiré sumando textos, porque mis anotaciones van creciendo. La verdad, es que me gusta así, siempre con libros que leer.