Just Write it in English: a Start

Me writing the post.

Me writing the post.

A little intro

My husband and two of my beloved friends have told me for a while: “Write it in English!”, that is, write a post in English. I started this blog Bueno, Bonito y Letrado since January this year. The title literally means Good, Beautiful and Literate (or Lettered, because in Spanish Letrado means both words); but it is also a word game, a deformation of a popular saying in Chile: Bueno, Bonito y Barato –or “the three Bs”- (Good, Beautiful and Cheap).

I wanted to write about literature and books, but from my experience as a Doctorate student, mother, wife, woman. So I decided doing it in a blog. But blogging should be about reaching people in every place, and not just the Spanish-speakers, so here I am, writing in English.

Getting into letters

For the moment I have thought on writing just about Chilean or Latin-American authors and books, and try to present some of them to people who speak English and might be interested in knowing about our literature. For this very first English-written-post I would like to talk about the poetry book Bruma (Lolita Editores, 2012), by María Inés Zaldívar. I reviewed this text months ago in Spanish, and it really captured me the way the poems talked about everyday life. “Me enamora la manera / cómo partes el limón” (13) are the first two verses of the book, and they mean “I fall in love with the way / how you cut the lemon”. Those verses show the tone of the poems: they appeal to love, and they are also involved in a beautiful everydayness. Actually it is in our day to day life when we experience and we feel, love is lived in the simple things of everyday life, and that what we found in Bruma (Mist).

Bruma, by María Inés Zaldívar.

Bruma, by María Inés Zaldívar.

So we are not surprised when the lyric voice remembers “big hands / sliding down the keyboard” (“grandes manos / deslizándose por el teclado”, 41), or her lover eating a pair of crispy toasts with butter and drinking a cup of coffee. When I write in this blog or even in my academic work at university, the everyday element is inescapable, because –for me- it is in the small and intimate aspects where life is played, and that is also true for poetry, which actually illuminates our own existence. In that sense, when I think of Bruma, I remember that my son was playing with his toy cars beside me when I was reading it. The family scene is now linked to those verses; just like in the poem, love melts as butter over a warm toast, covering every feature, every corner of life.

A very interesting figure in the poem is Penelope. We know her as the loyal wife who waits for the return of his husband Odysseus, a waiting which she manages by knitting. The poet takes Penelope and positions her in our common places, event trying to buy a lipstick which has been sold out. This raises a debate: how should it be Penelope’s waiting? Well, Penelope should be able to decide for herself. This Penelope loves waiting, loves recalling, and carrying on with her life. Maybe that is why there is so much life and light in Zaldívar’s verses, you can hear the crunch of the toast and taste the coffee; you can feel a lover’s back beside yours.

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Vidas mínimas por Doris Lessing

Doris Lessing recibió el Premio Nobel de Literatura en 2007.

Doris Lessing recibió el Premio Nobel de Literatura en 2007.

Ya ha pasado su tiempo desde que Doris Lessing murió (el 17 de noviembre) y no es que haya necesitado estas semanas (solo) para digerir la noticia, después de todo, su obra sigue aquí; pero no estaba segura sobre qué escribir. No quería convertir estas líneas en una sarta de lugares comunes o en una biografía que bien se puede sacar de Wikipedia. Así que después de darle vueltas al asunto, decidí ir a lo específico –muy específico, incluso-, hablar de un cuento: “El sol entre las patas”. Esta historia aparece en el volumen Un hombre y dos mujeres (publicado originalmente en 1963). Con respecto al título fue amor a primera vista por dos motivos. Primero la presencia del sol, sobre lo cual no tengo más que decir que fue pura intuición; pero luego estaban “las patas”, no los pies, sino las patas, lo que ya hacía prever que sería posible encontrar una perspectiva diferente en el relato.

El cuento nos presenta un espacio al aire libre, en que el sol es protagónico. Se nos habla de cómo va haciéndose más grande y fuerte a medida que avanza la mañana, dando lugar a un lugar muy seco sin llegar a ser un completo desierto. Algunas palabras nos ayudan a situarnos en África, se menciona a los bosquimanos, por ejemplo, y sabemos que estamos en una reserva, pero no hay más seres humanos que una mujer. “Había llovido la noche anterior, la corta hierba que me rozaba los tobillos estaba todavía húmeda y el primer sol no había tocado la arena. Había un afilado saliente de roca en mitad del espacio. La roca estaba húmeda y yo sentía que la humedad caliente subía por mis piernas desnudas (58). Ese párrafo es una muestra del detalle con que la narradora nos habla del espacio y también es el párrafo en que se posiciona, la narradora habla desde un yo, pero no busca relatar su experiencia, sino la experiencia de otros.

La portada de Un hombre y dos mujeres

La portada de Un hombre y dos mujeres

Esos otros son dos escarabajos peloteros, de esos que forman bolas con el estiércol y las trasladan. Página tras página –no tantas, sin embargo, es un relato breve-, la narradora cuenta la lucha de los dos escarabajos en contra del espacio y los obstáculos que encuentran. Aquella pequeña saliente de roca que se menciona en el texto será el gran impedimento de los dos escarabajos y su bola de estiércol que una y otra vez se devuelve o va a parar al agua, pero nunca al lugar que ellos esperan. La mujer que nos va contando cómo el sol llega a su punto más alto y luego empieza a descender dando a entender que los escarabajos han estado enfrascados todo el día en una tarea que probablemente no logarán cumplir, no será siempre una testigo pasiva, sino que tratará de encauzar a los escarabajos sin éxito. Al final cada uno se labra su propio camino, aunque no nos lleve a ningún lado.

Tenía razón con que lo de las patas era llamativo, no eran patas de un mamífero como había pensado cuando me topé por primera vez con ese título; la historia de esos dos perseverantes escarabajos era inesperada. Una pequeña historia contada con maestría por Lessing, dando a entender que no hay criaturas pequeñas, o más bien que tanto las criaturas grandes como las pequeñas, tienen su propia vida y toman sus propias decisiones. En cuanto al sol del título, no se trata de la gran bola incandescente del cielo, aunque el cuento nos lo trae a colación en forma constante, sino de la pequeña bola de estiércol de los escarabajos, ese es su sol, en torno a esa bola es que gira su mundo. Una belleza de relato.

Y recordando algunos datos biográficos, “El sol entre las patas” ocurre claramente en Rodesia, donde Lessing vivió por más de veinte años cuando era joven. Dice en el cuento: “Porque se conservaban restos de fortificaciones construidas con tierra y piedras por los Mashona para defenderse de los Matabele, cuando llegaron cabalgando detrás del ganado y de las mujeres, antes de que Rhodes terminara con todo aquello” (57). Cecil Rhodes conquistó la región que terminó recibiendo su nombre. ¿Será la misma Lessing aquella mujer que presencia y relata la aventura de los escarabajos? Para seguir imaginando…

Hasta ya no ir y otros textos: mujeres alejadas del mar

Hasta ya no ir y otros textos, de Beatriz García-Huidobro.

Hasta ya no ir y otros textos, de Beatriz García-Huidobro.

Me parece que la situación de las mujeres en Chile no es algo de lo que se hable realmente. Incluso los femicidios parecen ser minimizados. A algunos les basta con decir que Chile ya no es un país machista, pero es cosa de darle vuelta a nuestros hablares y actuaciones cotidianas para ver qué no es así. Lo mismo sucede cuando revisamos ciertas obras literarias. Leí Hasta ya no ir y otros textos de Beatriz García-Huidobro y queda una sensación muy amarga. Se trata de cuatro relatos, encabezados por el ya conocido “Hasta ya no ir” publicado originalmente en 1996. En estos cuatro textos las figuras protagónicas son mujeres, y jóvenes, la mayor parte niñas, rodeadas de mujeres mayores, cuyas vidas claramente no son plenas. Cada respiro, cada intento de escapar, de salir del encierro –literal y cultural, por cierto-, acaba en alguna clase de castigo: vejaciones, muertes o automutilaciones. En el mejor de los casos, simplemente alejarse, sin expectativas ni finales felices.

Las historias de García-Huidobro no son panfletarias, pero sí dan cuenta del lado amargo de ser mujer: sus mujeres están rotas. En “Fatiga de material” la madre se va descomponiendo producto de un tumor cerebral. En su locura, la madre ansía el mar, las olas. “Necesito irme de vuelta al mar” es todo lo que desea esta mujer que mientras todavía se ve hermosa –aunque no entienda nada de lo que sucede en su entorno- es violada cada noche por su marido. Al final, una se pregunta si lo que la descompuso es el tumor, o si no es más que una metáfora. La figura está en el mar: los cuatro relatos apelan al mar. “Me gusta, quiero conocer el mar” (19), dice la niña del primer relato, pero nunca se cumple. En “Marea”, la niña sueña con bañarse en el mar, pero su abuela se lo prohíbe. La madre enferma se debe contentar con ver el mar en un video, e incluso en el último texto, “Jardín japonés”, la cocina “tiene olor a mar. A peces y algas, a agua estancada y a la sal” (148). El mar, libre en su movimiento, ondulante, a veces calmo, y otras veces intenso y rompiente en grandes olas sobre la arena, no es alcanzado. Más bien estas mujeres son mares contenidos por los molos de abrigo.

Hasta ya no ir y otros textos se instala en la intimidad de estas niñas y mujeres, dando cuenta de episodios terribles, pero sin caer en melodramas. Por el contrario, a veces la prosa pareciera alejarse. Pero tiene sentido, porque son las mismas protagonistas las que cuentan sus historias: la única manera de hacerlo, parece ser distanciarse un poco. En ese proceso, parecieran mayores, experimentadas, o tal vez, agotadas.

García-Huidobro, Beatriz. Hasta ya no ir y otros textos. Santiago: Lom Ediciones, 2013.

Esta reseña apareció originalmente en el sitio web del Diario Publimetro, donde tengo una columna de libros semanal.

Correcciones

 

Corrigiendo en el balcón.

Corrigiendo en el balcón.

Estas últimas dos semanas han sido duras. Realmente mucho trabajo, correcciones de artículos y reseñas, corregir los trabajos de mis alumnos, preparar las clases, escribir mi proyecto de tesis del doctorado y leer para mi reseña semanal en Publimetro. Eso sin contar, con que sigo preocupándome de tener mi casa ordenada y cuidar a mi Tony, quien será un amor, pero también es un niño de casi cuatro años, por lo cual requiere bastante atención. De puro escribirlo, estoy cansada de nuevo.

Por eso tenía al blog esperándome. Pero heme aquí de vuelta, porque no pude evitar hablar acerca de los errores de escritura. Estos últimos días me tocó encontrarme con varios libros que penaban por la falta de un corrector de textos. No solo había muchos errores de tipeo, sino casi una total desidia acerca de cómo se escriben las palabras y se redacta un texto. Los errores en un escrito, especialmente cuando se acumulan muchos, hace que se pierda el hilo de la lectura y la atención. Me pasa lo mismo cuando veo las noticias y un despacho está lleno de incongruencias de lenguaje, termino preocupada de la forma y la historia queda en segundo lugar.

Yo no soy una inquisidora de la ortografía, pero sí me parece que un texto publicado debería pasar por todos los filtros necesarios para que no hubiera errores –y he leído varios libros sin errores-. Lo que me parece divertido es que estos mismos escritos que parecen no haber sido corregidos, se empeñan en mantener algunas prácticas que ya no son necesarias, como ponerle tilde a “solo” y a los pronombres demostrativos (este, ese, etc.). Dicho eso, tengo que agregar que corregir un texto requiere muchísimo trabajo, leer una y otra vez y, a pesar de eso, cuando llega la prueba de la imprenta que uno revisa en papel, todavía quedan ¡muchísimos errores!

A mano alzada: crónicas desde lo íntimo

A_mano_alzada_G_CarrascoMe atrae la idea de algo hecho a mano alzada. Por un lado me recuerda las clases de artes plásticas, cuando a una se le permitía un lazo espontáneo, libre, realizado sin reglas ni instrumentos que delimitaran. Por eso lo de mano alzada me hace pensar en lo manuscrito, en algo libre y sin restricciones, en una escritura que es personal y que no se quiere dejar coartar por reglas externas.

Pienso en eso cuando leo la recopilación de crónicas del poeta Germán Carrasco: A mano alzada. Creo que escapar a los límites tiene algo que ver con su postura estética, al menos en lo que a poesía se refiere, por algo reniega de métricas restrictivas. Lo dice y lo repite en sus crónicas, pero he aquí un ejemplo: “¿Los que hacen rima y métrica como si estuvieran en el siglo de oro y publican libros pueden ser considerados poetas? Yo creo que no” (152). Por supuesto, en esa cita hay una postura y una crítica. Esa posición de la cual Carrasco escribe es esencial. No se puede escribir una crónica desde la ambigüedad o desde un no-lugar, por el contrario, su atractivo es que se escriba desde un lugar propio, personal, íntimo, que tenga honestidad, que las posturas, ideas, gustos, del autor se deslicen a través de las palabras, las historias, los recuerdos, las experiencias.

En sus columnas, Carrasco no elude sus experiencias, en muchos casos, surgen desde ellas, de un viaje a la Universidad de Brown o de haber escuchado una conversación cotidiana de unos carabineros fuera de su horario de trabajo. Tampoco elude sus lecturas, ¡lo opuesto! Están allí Gabriela Mistral (en un hermoso texto sobre Tala) y John Ashbery  en forma constante. E incluso, ciertas citas o ideas, vuelven a presentarse como aquella de dónde entierran los nómadas a sus muertos, expresada a partir de Julio Ramos. Es más que interesante, es atractivo, también excitante, leer sus palabras sobre el feminismo, o sobre este Chile al que él considera un Estado policial.

Anoté algunas citas: “Revertir el uso de ciertas palabras es la función de la poesía” (222) y también “las letras son celosas” (239). La primera la recuerdo porque estas crónicas están llenas de poesía, a veces se trata de prosas que parecen poesía y, otras, sus planteamientos sobre poesía, escritos no con guantes quirúrgicos, sino bien posicionado. La segunda, porque es verdad. Las letras exigen tiempo, concentración, placer, volcarse en ellas, no solo cuando se escribe, sino también cuando se lee. En el caso de estas crónicas, las fui leyendo seguidas y en pocos días; pero tengo la idea de otro enfoque: volver a leerlas, una crónica cada día, pausadas y disfrutadas de esa manera.

Carrasco, Germán. A mano alzada. Santiago: Editorial Cuarto Propio, 2013.

Esta reseña apareció originalmente en el sitio web del Diario Publimetro, donde tengo una columna de libros semanal.

Presentación de Machetazos y algunas digresiones

Las copias de Machetazos en la librería

Las copias de Machetazos en la librería

No suelo ir a lanzamientos de libros. Tiene que ver con el horario, en general interfieren con la hora de levar a mi hijo a la cama, lo que es, por supuesto, todo un ritual: ponerse piyama, ir al baño, lavarse los dientes, acostarse, leer un cuento y apagar la luz a las 9 de la noche. Como comprenderán, eso no toma cinco minutos. Las presentaciones de libros podrían ser en la mañana. Pero el pasado 31 de octubre fue Halloween. Habíamos salido a buscar dulces con Tony disfrazado de Luke Skywalker y vi que habría una presentación del libro Machetazos a las 21 horas en la librería Qué Leo de Ñuñoa. Así que partimos los tres: Tony, mi esposo y yo.

La presentación fue una conversación más bien informal entre el dueño de casa Gonzalo Maza y dos de los autores del libro: María José Viera-Gallo y Francisco Ortega. Machetazos (Ediciones B) es un libro que reúne las historias de terror de Viera-Gallo y Ortega, además de Álvaro Bisama, Pablo Illanes y Felipe Ossandón. Según contaron, la idea del libro fue de Patricio Jara, quien convocó a los autores con un pie forzado: que las historias de terror no se basaran en lo sobrenatural, así que nada de fantasmas o monstruos o, al menos, no de esos monstruos a los que las fábulas han acostumbrado a nuestra imaginación, sino de esos monstruos que dan más miedo: seres humanos capaces de cometer las acciones más horrorosas. Entre las historias, hay una ficcionalización en torno al asesinato del sacerdote Faustino Gazziero por Rodrigo Orias en la Catedral de Santiago; y en otra, una nieta descubre que su abuela fue torturadora de la Dina.

Dos de los autores: María José Viera-Galo y Francisco Ortega.

Dos de los autores: María José Viera-Galo y Francisco Ortega.

Como decían los autores, no es de extrañar que a 40 años del golpe de Estado de 1973 aparezca un libro como este, en que la ficción nos ayuda a lidiar con aquellos temas que parecen demasiado terribles de resolver de otra manera. Adorno se preguntaba cómo era posible escribir poesía después de los campos de exterminio de los nazis y Sartre en la obligación de escribir. La manera en que se haga la hallará cada quien: ¿cuentos de terror? ¿Por qué no? Como dijo María José Viera-Gallo en la presentación lo sobrenatural –lo imaginario- nos sirve para entender el mundo en que vivimos; por algo la tradición de los cuentos y las fábulas.

Donald Sutherland en No mires ahora, de Nicholas Roeg.

Donald Sutherland en No mires ahora, de Nicholas Roeg.

En cuanto al terror, ahí hay otro asunto. Los autores confesaban una suerte de gusto por asustarse. Y recordaron algunos clásicos, en general películas. Una de las mencionadas fue uno de los mayores temores que tuve cuando niña y, de hecho, hasta hoy, me da terror pensar en la niña de impermeable rojo a punto de voltearse. Es una de las escenas de No mires ahora, una película protagonizada por Donald Sutherland y Julie Christie. La película dirigida por Nicholas Roeg está basada en una historia de Daphne Du Maurier, quien también está detrás de Los pájaros de Hitchcock. Así que ahora buscaré la historia original para leerla. El filme ocurre en Venecia a donde la pareja formada por Christie y Sutherland viaja después de la muerte de una hija. Extrañamente el día de la presentación, mi hijo Tony insistió en que compráramos Olivia en Venecia, que hemos venido leyendo todos los días. Y en otra sincronía, la película está programada en el canal Europa Europa, aunque con el estúpido título de Venecia Rojo Shocking. Sutherland me daba un poco de miedo cuando niña, aunque creo que el culpable es Los profanadores de cuerpos, no logro quitarme de la cabeza la escena en que Veronica Cartwright se acerca a él solo para descubrir que él ya se ha convertido y la mira con una mezcla de odio/horror/asco, la indica con el dedo y grita. Un recuerdo terrorífico para terminar la nota.