Algunas ideas y un recuerdo sobre la enseñanza

El lector común, Virginia Woolf

El lector común, Virginia Woolf

La llegada de marzo ha significado el regreso a clases. Mi hijo ha comenzado kinder y yo un nuevo semestre del doctorado, incluyendo una ayudantía en Letras Inglesas. Y las clases, por supuesto, implican enseñanza. La convocatoria al II Congreso Internacional de Poesía llama a reflexionar en torno, justamente, a la enseñanza de la poesía, tema que el otro día fui conversando con una amiga en el trayecto en auto hacia la universidad. Lanzamos ideas acerca de cómo la enseñanza puede quedarse encerrada en los límites de reglas, en vez de profundizar sobre la experiencia estética (claramente personal) de los niños al leer una poesía (lo que, además, vale para otros textos literarios a los que se aproximen en sus cursos).

También hablamos del peligro de que como profesores (aunque en realidad no nos estábamos refiriendo a nosotras) nos quedemos pegados en ciertas interpretaciones canónicas sin escuchar lo que los alumnos tienen que proponer. Ese último punto me trajo un recuerdo; es bastante antiguo, diría yo: estaba en la universidad y tenía dieciocho años. Había una clase en que simplemente debíamos escribir de lo que nos diera la gana. Yo adoraba Orgullo y Prejuicio (todavía) y quise escribir algo sobre Jane Austen. No recuerdo el contexto, pero imagino que quise decir algo acerca de lo temprano que comenzó a escribir: a los quince años había escrito su primera novela, llamada Amor y Amistad. Para esto cité el ensayo de Virginia Woolf sobre Austen. Con eso en la mano, la profesora decidió corregirme, diciéndome que seguramente había entendido mal a Woolf, después de todo, ella es difícil de leer. Bueno, yo no estaba comentado Las olas, sino citando un ensayo. Yo puedo entender que la profesora en cuestión no hubiera leído ese ensayo, que no supiera de la existencia de Amor y Amistad (que, dicho sea de paso, ahora se puede adquirir en librerías en español), pero acusarme a viva voz de no haber entendido lo que Woolf decía… qué puedo decir, no creo que haya sido el mejor acercamiento pedagógico, especialmente porque 1) era verdad y 2) la escritura de Woolf no admite dudas:

Para empezar esa muchachita remilgada que a Philadelphia le pareció tan distinta de una niña de doce años, caprichosa y afectada, pronto se iba a convertir en la autora de una historia sorprendente y poco pueril, Amor y Amistad, que, por increíble que parezca, escribió con quince años (“Jane Austen” 44-45).

Hubiera sido mejor que dijera que no sabía de eso y que lo había encontrado interesante, por ejemplo, o que le hubiera gustado que yo leyera a V. Woolf; por último, que no hubiera dicho nada en absoluto.

Un comentario así podría haberme alejado de la literatura (en ese tiempo estudiaba periodismo) o de Virginia Woolf, por lo menos. Hoy es una anécdota que me recuerda lo importante –y difícil- que es la enseñanza. En términos más personales, me hace pensar en que con razón me tomó tiempo en encontrar mi lugar; no hay que dejar de buscarlo.

Nota: El texto de Woolf puede encontrarse en El lector común. España: Debolsillo, 2010.

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Horacio Salinas y sus recuerdos de Inti-Illimani

Portada de La canción en el sombrero, de Horacio Salinas

Portada de La canción en el sombrero, de Horacio Salinas

Canción en el sombrero. Historia de la música de Inti-Illimani es el título completo de este libro de Horacio Salinas. Y en realidad, es un nombre muy acertado, por cuanto el músico repasa concienzudamenrte cada disco sacado por Inti-Illimani, destacando ciertas piezas, recordando anécdotas e historias de las grabaciones, y luego del Inti-Illimani Histórico. Pero no es un libro para expertos en música, Salinas no habla en un lenguaje técnico-musical, sino que más bien quiere que, como lectores, lo acompañemos en un paseo por su historia, la de él y la del Inti. Para eso se atrevió a meterse en la escritura, usando solo sus dedos índices para repasar sus primeras clases de acordeón cuando tenía siete años, cuando la familia dejó Lautaro para vivir en Santiago, el afortunado abandono de una guitarra en casa. Es una historia de cómo fue aprendiendo, de quiénes fue aprendiendo, de las verdaderas clases que le daba Luis Advis; del encuentro y colaboración con el guitarrista John Williams. También la historia de cómo se fue formando Inti-Illimani y cómo los pilló el golpe de Estado de 1973 durante una gira por Europa. Ese día 11 de septiembre estaban visitando el Vaticano: “Algo pesado y denso en el pecho me tocó sentir en esos momentos y un pensamiento de extravío me paralizó” (84).

Aunque el libro está dividido en capítulos más bien epocales, como el establecimiento de la Nueva Canción Chilena o el exilio, lo interesante es que los subtítulos llevan en general el título de un disco, en que el músico recuerda cómo surgieron las composiciones y los arreglos, pero también ciertas dinámicas del grupo. Es hermoso el apartado sobre Palimpsesto (1981), por ejemplo, y también melancólico, cuando recuerda que coincidió con el reconocimiento de que debían dejar de pensar en su estadía en Italia como algo provisorio, ya que no veían que fuera posible volver a Chile: “Ya no podíamos mantener nuestras maletas alertas para el regreso y había que pensar en acomodar la casa, quitarle lo provisorio” (116).

Sobre la ruptura de Inti-Illimani, a lo largo del libro va dejando pistas –a veces totalmente explícitas-, que tienen que ver con la dinámica del grupo y desacuerdos por el la forma en que algunos trabajaban; llega a decir al respecto que él volvía a grabar ciertos instrumentos –interpretados por otros-. Lo que plantea es que no todos tenían el mismo empeño en que las grabaciones quedaran perfectas. Sobre la ruptura propiamente tal y el proceso judicial que los llevó a ponerse el apellido histórico, Salinas dedica pocas páginas.

En La canción en el sombrero, Salinas no solo plasma el proceso de creación de arreglos y composiciones, sino también da cuenta de una época, de varias épocas, en realidad, pero de una forma tangencial que tal vez lo hace más interesante. Asimismo es un documento que deja parte de la historia de Inti-Illimani en el papel, y digo parte, porque esta es la particular visión de Horacio Salinos, sus recuerdos, lo que convierte al libro en un texto escrito con emoción.

Salinas, Horacio. La canción en el sombrero. Historia de la música de Inti-Illimani. Santiago: Catalonia, 2013.

Esta reseña apareció originalmente en el sitio web del Diario Publimetro, donde tengo una columna de libros semanal.