¡Feliz cumpleaños Bueno, Bonito y Letrado: un año escribiendo!

primer_aniversario_bueno_bonito_y_letradoEn enero de 2013 comencé con este blog. ¡Feliz aniversario! Atrasado, porque la primera entrada original fue el 19 de enero del año pasado. Se trató de una pequeña nota titulada “Presentándome”. Había otras entradas también, algunos artículos antiguos que había subido para que el sitio no se viera pelado. Entre que me cuesta recordar los aniversarios –quiero decir, las fechas exactas- y que había tenido unas pequeñas vacaciones de escritura, esta entrada se fue postergando. Y me interesaba hacerla, porque estar un año escribiendo en forma constante no es menor. Además se trataba (se trata) de un proyecto personal, una oportunidad para escribir de lo que me interesaba, de la forma que me interesaba. Así han ido apareciendo las distintas entradas de este blog Bueno, Bonito y Letrado, a partir de mis lecturas y mis experiencias; de mi vida familiar y profesional; de conversaciones y momentos de reflexión solitaria.

Asimismo, llevo casi un año escribiendo reseñas en el sitio web de Publimetro. Partí con una crítica del libro ¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?, de Jeanette Winterson; fue un libro que me llegó hondo, justamente por esta necesidad de escribir. Esa primera reseña apareció el 22 de marzo de 2013, pero su génesis estuvo en este mismo blog, donde semanas antes había escrito otra nota sobre el mismo libro.

Así que ha sido un año lleno de lecturas y escrituras. También de estudio. Di mi examen de candidatura y me convertí en candidata a doctora en Literatura de la Universidad Católica. Después de eso preparé mi proyecto de título y estoy en esa etapa todavía. Para esto, también hubo lecturas, conversaciones y más escritos. Todo eso, por supuesto, como parte de una jornada en que soy también madre y esposa (escribo esto después de haber logrado que mi pequeño Tony se durmiera). No podría decir que soy algo más que lo otro. Soy todo eso y al mismo tiempo: estudiante, escritora, madre, esposa, mujer, y, claro, lectora. Esa combinación era la que quería dar vuelta en este blog y lo he estado haciendo durante un año ya y ha sido una experiencia excelente. Por lo tanto, aquí voy por otro año más en Bueno, Bonito y Letrado. ¡Los invito a acompañarme!

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Fuerzas especiales: el asedio desde adentro

Fuerzas especiales, de Diamela Eltit

Fuerzas especiales, de Diamela Eltit

Leer Fuerzas especiales deja sin aliento. Los capítulos cortos y en los que solo existe el relato intenso e incansable de la narradora, sin más pausa que la mínima que presentan los puntos seguidos, dejan sin aliento. Al hablar desde la primera persona, el relato de Diamela Eltit cobra vivacidad, nos introduce sin preámbulos en una historia de asedios y de violencia, y también de cotidianidad. Pero de la cotidianidad de bloques de departamentos, pequeños, agobiantes, en que el asedio policial es no solo el temor diario, sino una realidad constante. Es el asedio de todas las policías, uniformadas y no uniformadas, que han transformado esta zona sin futuro en un campo de juego, en que compiten entre ambos, botan antenas de celulares, realizan redadas y arrestos que van dejando cada vez los bloques más vacíos, no solo de gente, porque también se trata de un vacío existencial.

El libro a veces parece moverse en un campo de ciencia ficción, como si se tratara de un futuro de fin de mundo. Pero luego los kioscos, las pichangas, las fricas y el cíber como espacio destacado, nos van situando cada vez más en un Chile actual, en que a través de internet podemos acceder, comprender, admirar la alta moda internacional –como hace la protagonista-, sin disfrutar de ninguno de los supuestos beneficios del primer mundo. Tanto así, que el cibercafé no es solo esa falsa entrada al mundo global, sino el lugar en que la protagonista se prostituye para llevar algunos pesos a su casa.

El libro nos habla de nuestras contradicciones como país, de la violencia que se sufre cada día a tal punto que pasa a ser tan habitual que se la entiende en términos técnicos, como lo muestra la enumeración de armas de todo tipo que impregna el texto en forma discontinua, pero siempre permanente. Las tecnologías como celulares, videojuegos e internet, se convierten en los únicos modos de soportar, pero hasta eso puede ser un engaño, como el regreso de la señal a los celulares: “Cometieron un error y en la próxima madrugada escucharemos los sonidos que distraen y abren un horizonte de esperanza, no un horizonte, no, una rendija pequeña de esperanza en la solidez de los bloques […]” (163). No hay espacio para esperanzas, solo para minúsculos intersticios de salidas virtuales.

Para quienes se hayan interesado, pueden aproximarse a la escritura –experimental, pero viva, palpitante y no fría de laboratorio- de Diamela Eltit a través de Memoria Chilena, donde están algunos de sus textos digitalizados.

Eltit, Diamela. Fuerzas especiales. Santiago: Seix Barral, 2013.

Esta reseña apareció originalmente en el sitio web del Diario Publimetro, donde tengo una columna de libros semanal.

Yo escribo, tú escribes, cada uno a su manera

escribir“En vez de hablar directamente a la página, hacía segundos y terceros borradores. En mi modesta opinión, mi columna se había convertido en un servicio público vital. Me levantaba por la noche para borrar párrafos enteros y trazar flechas y bocadillos en medio de las páginas” (19). Así dice Serena, la narradora de Operación Dulce, libro de Ian McEwan que estuve leyendo para mi columna de libros en el diario Publimetro (leer reseña aquí). Serena también hace reseñas de libros; al principio se sienta y vierte todo lo que tiene en la cabeza en el papel. Pero luego comienza a tomárselo más en serio y escribe y reescribe.

Eso me hizo pensar de inmediato en la forma en que escribo. Además justo esta semana había estado conversando de eso con una amiga, Bernardita. Reflexionando bastante sobre el asunto, creo que hay distintas maneras de escribir. En este blog suelo sentarme a escribir sin pensar mucho en forma previa, tal vez solo el tema. Por supuesto, cuando hago una interpretación o una lectura poética, ya ha habido mucho pensar involucrado, pero me refiero a las entradas más personales. Cuando escribo las reseñas de libros, suelo pensar en una estructura y después escribir de manera más bien suelta. Aunque después releo y siempre hago cambios; a veces pequeños; otras, más importantes.

Es diferente cuando se trata de escrituras académicas. Anoto citas, ideas, y escribo una y otra vez tratando de dar con el texto perfecto. Ya sea un artículo o una ponencia, las revisiones, correcciones y reescrituras son inevitables para mí.

Hay una última aproximación a la escritura. Cuando leo novelas, cuentos, para la columna, voy marcando las citas que me interesan, que me gustaron o que definitivamente pienso poner en el texto. Algo similar sucede en los textos académicos. Pero en estos últimos, además, que voy trabajando en períodos más largos que la columna de libros, escribo mucho a mano. Tengo una libreta en la que anoto ideas que quiero incorporar y a veces párrafos que termino copiando textualmente. Y cuando la libreta no aparece a tiempo, un post it (o varios) cumplen perfectamente con lo requerido, simplemente un espacio donde volcar todo eso que ronda por mi cabeza.

Viajeras

El afiche del Congreso von Humboldt 2014.

El afiche del Congreso von Humboldt 2014.

Ayer participé en el VII Congreso Internacional e Interdisciplinario en Homenaje a Alejandro de Humboldt, Claudio Gay & Ignacio Domeyko (o Congreso von Humboldt, que es más manejable). Por supuesto, uno de los principales intereses del evento tiene que ver con los viajes y los viajeros. Yo participé en la mesa “Mujeres en viaje del siglo XIX a nuestros días” con una ponencia sobre Gabriela Mistral, quien, de hecho, era la viajera más reciente de la mesa, por lo cual eso de “hasta nuestros días” no resultaba muy preciso. Hubo otras mesas sobre viaje y mujeres a lo largo del congreso, en que se habló de visiones del otro, construcción de la imagen del mundo oriental, escritura fuera de la norma, y de figuras como Eduarda Mansilla y María Graham. La conferencia magistral de Lucía Guerra también tuvo que ver con el tema: “Nociones de la otredad en viajeras del siglo XIX”. Al escuchar las ponencias, me daban ganas de emprender viajes propios, pero también de seguir estudiando el tema, lo que llevo haciendo desde hace algunos años, incluyendo una investigación con Lorena Amaro, titulada “Espiritualidad y mirada viajera de tres peregrinas chilenas: Amalia Errázuriz, Inés Echeverría y Violeta Quevedo”.

En cuanto a mi ponencia para el congreso, la titulé “Paisaje, hogar y visión de sujeto en ‘El paisaje mexicano’ de Gabriela Mistral. Eso fue, creo, hace más de un año, cuando mandé mi propuesta. A medida que avanzó la escritura y reescritura, porque seguía descubriendo datos nuevos, creo que en vez de sujeto debería haber puesto cuerpo. “El paisaje mexicano” es un brevísimo texto de 1922 que Mistral escribió cuando estaba viviendo en México, invitada por Vasconcelos para participar en la reforma educacional. Es un texto hermoso, en que la poeta no se dedica solo a describir un paisaje nuevo que la maravilla, sino a exponerse a sí misma a través de esa descripción, en la que no importa solo cómo son los escenarios en México, sino cómo se sienten en términos personales.

El texto de Mistral me ayudó a reencontrarme con un poema de Desolación que apenas recordaba “El Iztlazihuatl”, del cual dejo aquí unos pocos versos como cierre de esta nota. En cuanto a la ponencia, creo que quiero revisarla y depurarla todavía un poco más.

El Iztlazihuatl mi mañana vierte;

Se alza mi casa bajo su mirada,

que aquí a sus pies me reclinó la suerte

y en su luz hablo como alucinada.

 

Lecturas que me conquistaron durante 2013

recuento_2013_columnaEsta columna debería haber sido publicada en el sitio web del Publimetro el último viernes de 2013. Sin embargo, por esas cosas que tienen que ver con internet y periodismo, no vio la luz. Yo siempre me pregunto cuántas veces se puede insistir –sin parecer obsesiva- en que se les ha olvidado publicar la columna. Lo cierto es que a pesar de los recordatorios y de los “no te preocupes”, al final se les olvidó publicarla. Tiene que ver también, supongo, con el fin de año y el hecho de que mi contacto en Publimetro se fue a un nuevo trabajo y el nuevo, bueno, está habituándose, no lo sé. Pero como decidí que no quería seguir recordándolo, pero no quería perderla, aquí va la columna que debería haber aparecido el 27 de diciembre de 2013.

Cuando llega diciembre solemos ver en los medios listados que resumen el año. Muchas de esas listas pretenden mostrarnos “lo mejor” del año. No sé si eso es factible. Leyendo un libro a la semana para esta columna, todavía deja como lecturas pendientes muchas de las publicaciones que aparecieron este año. Pero sí pensé en que ya que hoy es el último viernes de 2013, podía recordar algunas de las lecturas que más satisfacciones me dejaron, ya bien porque se trataban de libros muy bien escritos o porque sus temáticas era interesantes. Lo importante de leer es disfrutar y no tanto leer siempre “el mejor” libro; a veces textos que parecen más bien simples también pueden darnos momentos inolvidables.

Leñador de Mike Wilson fue todo un descubrimiento este año. Por un lado, es un texto que no trata de acomodarse a nada. Ni en su formato, teniendo en cuenta su nutrido número de páginas, ni en su temática. No es común encontrarnos en el ambiente de los leñadores en el Yukón, de hecho, a priori eso parecería llevarnos a una historia del pasado, cuando el libro es todo o contrario; además de entregar delicadas visiones acerca de cuanto nos rodea.

Los libros de Mistral, y este año hubo varios: desde Poema de Chile a Caminando se siembra, pasando por Motivos de San Francisco. Cada poema o prosa nueva que aparece, como también cada viaje a leer esos textos supuestamente ya conocidos, es una experiencia completa: la belleza de las imágenes, su lucidez. Somos muchos los que pensamos que Mistral no es suficientemente leída y apreciada, porque es una escritora excepcional. Por eso es buena la cantidad y variedad de textos a través de los cuales podemos llegar a ella.

Los textos de crónicas me conquistaron también este año. A mano alzada de Germán Carrasco y Pequeña Biblioteca Nocturna de Óscar Hahn son dos imperdibles. Inteligentes, divertidos, muy bien escritos, abren nuestras mentes, además, a nuevos temas y autores. Son una invitación a seguir leyendo más allá de ellos.

En cuanto a novelas, por supuesto, estuvo Fuerzas Especiales de Diamela Eltit, un relato intenso y que nos ponía sin tapujos de cara a lo que es nuestro país hoy. En el otro espectro, los delicados relatos de Charles-Ferdinand Ramuz en Voces de la montaña con toda la distancia espacial y temporal con que fueron escritos, nos muestra que la literatura se mantiene viva dentro de sus páginas, esperando a que un lector la actualice con su lectura.

Finalmente, quiero mencionar a dos mujeres. Primero los hermosos cuentos de Alice Munro, quien este año ganó el Premio Nobel de Literatura. Mi vida querida, su último texto, fue publicado este año en español. La creación de personajes, el manejo de las historias, la aproximación que logra de lo cotidiano, muestran su maestría en el cuento. La otra mujer no publicó este año, sino que nos abandonó. Doris Lessing murió el 17 de noviembre pasado, pero dejó un extenso legado textual: cuentos, novelas, textos autobiográficos, solo hay que decidirse a abrir uno de ellos y lanzarse a la lectura.

Y ya que con el comienzo de un nuevo año, se suelen pedir deseos o hacer compromisos, tan solo puedo desear que haya muchas y muy buenas lecturas para todos.

American Visa, enredos del yo

American Visa, de Marcelo Rioseco

American Visa, de Marcelo Rioseco

La primera parte de American Visa de Marcelo Rioseco engaña un poco. Tiene que ver con el protagonista, Marcelo, a quien todos llaman Marce, y que en primera persona nos relata lo feliz que es con su gringa Kimberly con quien partirá a Estados Unidos a hacer un posgrado. Marcelo es un sujeto que tiene las cosas claras, a veces tan claras que llega a ser insufrible de verborrea y declaraciones clichés. Digo que el libro engaña, porque Marce irá despojándose de clichés y seguridad a lo largo del libro, que es también un viaje, un viaje por Estados Unidos, pero también un periplo para despojarse de frases hechas, estereotipos y convencimientos, de lecciones aprendidas viendo televisión, en vez de dejarse llevar por la experiencia..

A la larga, lo que parece un texto centrado en un tipo que sueña con estudiar en un país que en realidad aborrece, se convierte en un libro divertido y con algunas críticas al sistema académico. Asimismo lo que parece un libro formal y establecido, se convierte en una narración que se burla de sí misma, que no se toma en serio. De hecho, no podemos estar seguros ni del propio narrador, porque cada vez que aparece su yo iremos descubriendo que a veces se trata de él y otras de su amigo Simón, quien no solo corrige la ortografía del texto, sino que ha tratado de apropiárselo; incluso la novia estadounidense de Simón mete su mano por ahí, dejándonos un texto en que el yo no solo es claramente una ficción –a pesar de que intentemos unir al Marcelo narrador con el Marcelo escritor-, sino un juego.

Así nos encontramos con ejemplos como el siguiente: “Amanda quería que pusiéramos [en el libro] un polvo de ella con Simón o, mejor aún, una escena lésbica entre ella y Jennifer. Decía que si la hacíamos medio porno iba a vender más. ¿Vender a quién? Simón no descartó la posibilidad, porque él siempre fue medio inclinado a los gustos perversos. Nota a pie de página: esta frase la escribió él mismo para hacerse el poeta y ganar publicidad” (219).

Paralelamente a los juegos narrativos, nos encontramos con una historia de desamor, otra de encuentro consigo mismo, y la sorpresa de un personaje muy secundario que aterriza en la vida del protagonista remeciéndola hasta la liberación: del yo, de Estados Unidos, de las formas y las expectativas. Reconozco que en más de una oportunidad he dejado de lado un libro cuando sus primeras páginas me han sido insatisfactorias –o de plano imposibles de leer-, pero en este caso, hay que darle una oportunidad, porque ese Marce que se las sabe todas y da discursos que uno no le ha pedido, no es más que parte del personaje, y no un problema de la narración.

Rioseco, Marcelo. American Visa. Santiago: Random House Mondadori, 2013.

Esta reseña apareció originalmente en el sitio web del Diario Publimetro, donde tengo una columna de libros semanal.

Y un nuevo año comienza

happy_new_yearPrimer día de 2014. ¡Al fin! Tal vez el verdadero al fin llegará cuando mi esposo y yo salgamos de vacaciones, pero de momento haber dejado atrás 2013 parece suficiente. Hace muchos, muchos años, yo trabajaba en periodismo, bastante estancada en un lugar en que tenía una jefa que era una pesadilla. El trabajo no era malo, pero estaba aburrida de hacer todo el trabajo sin recibir el crédito que me correspondía. Así que decidí irme, quería rehacer mi vida profesional. Varios años han pasado ya y estoy haciendo mi doctorado en Literatura, tengo a mi hijo y mi esposo, ambos adorados y las cosas son mucho –¡realmente muchísimo!- mejores que en aquellos tiempos.

Este año, especialmente el final, no resultó de lo mejor, a pesar de que conseguimos alcanzar algunas metas, como una beca y hacer clases en la universidad. Al mismo tiempo, ha habido momentos difíciles, aunque nuestra familia de tres se mantiene fuerte y feliz. Así como años atrás ansiaba que llegara un nuevo año lleno de nuevas oportunidades, una libreta con todas sus hojas limpiecitas y planchadas para seguir escribiendo en ellas; ahora con mi esposo nos sucedía lo mismo, ya queríamos que 2013 se acabara y se llevara los momentos que es mejor dejar atrás –incluyendo una visita a urgencias, creo que por primera vez en mi vida-. Este post tal vez no tendrá literatura en términos estrictos, aunque para mí cada letra escrita es literatura, pero pensé que el primer post de este 2014 nuevecito, impecable, lleno de posibilidades, solo podía ser personal. Así que ¡felicidades para todos en este nuevo año!