El Pórtico ya está abierto: ¡nuevo libro!

La portada de Pórtico, de Alida Verdi

La portada de Pórtico, de Alida Verdi

¡Hola! Lo sé, he estado ausente varios días. Pero se me juntaron algunas cosas: tenía que reescribir un texto de mi proyecto doctoral y mandarlo la semana pasada y, además, volví a hacer clases a la Usach, así que estuve preparando el programa y las clases, lo que es bastante trabajo.

Pero no podía dejar pasar más tiempo, porque ¡ya salió Pórtico! Pórtico es el nuevo libro de Alida Verdi, quien no es otra que mi querida madre. Ella escribe libros para niños, como El niño, el perro y el platillo volador, que, de hecho, inspiró su blog. Con Pórtico pasa a un público más grande, ya que está pensado para adolescentes/jóvenes. Ya hablaré bien de la novela, porque primero voy a leerla como Dios manda, en la bella edición de MN Editorial que tengo junto a mí mientras escribo estas palabras. Por lo pronto, pueden familiarizarse con la portada y revisar el blog de mi mamá.

Por último debo decir que me encanta estar de regreso en mi blog.

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¿Nos dan lecciones los libros?

Tony y yo leyendo Bajo la misma estrella de John Green

Tony y yo leyendo Bajo la misma estrella de John Green

Estos últimos días he tenido varias ideas sobre las cuales escribir, pero ya que estamos de vacaciones en casa, las horas de escritura, en realidad, se han esfumado un poco. Las de lectura, en cambio se han acrecentado. Por eso, cuando vi que en un blog que sigo proponían leer en el club de lectura de febrero Bajo la misma estrella de John Green, no me resistí. Primero pensé en comprarlo, pero la verdad es que estamos caminando por la vereda de la frugalidad en estos momentos; así que mejor lo posteé en Facebook y me llegó al otro día un mensaje genial: ¡alguien tenía el libro y me lo prestaba! (¡¡Muchas gracias!!). Ya lo terminé. No fue una tarea difícil, de hecho, si no tuviera un hijo y otras lecturas que hacer, habría terminado rápidamente sus 300 páginas, porque es un texto muy ágil, se desliza sin necesidad de hacer una lectura rápida, que es cuando le pego una mirada a la página para poder pasarla de una vez. Lo admití. Eso hago a veces, aunque no con los libros que finalmente reseño, porque –no sé si alguna vez he comentado esto en el blog- hace un tiempo ya decidí reseñar solo libros que encuentre buenos, que me gusten por algún motivo; no tienen que ser perfectos ni obras maestras, pero sí agrupar ciertas cualidades: a veces se trata de la historia; otra, de los personajes; o de la forma en que es narrada; otras, todas las anteriores.

Como decía, leí atenta, pero rápidamente este libro que me gustó tanto, que decidí hacer una reseña para Publimetro. Debo mandar la reseña para que sea publicada hoy viernes de San Valentín, ojalá. Debido a que el momento de la publicación es un tanto incierto, decidí omitir cualquier mención al día aquel, aunque el libro sea sobre una historia de amor; entre otros temas. La historia de amor de Hazel y Augustus, dos jóvenes con cáncer. (La reseña fue publicada el 3 de marzo, pueden verla aquí).

En la reseña hago mención a la siguiente cita: “Hazel es diferente. Camina ligera, Van Houten. Camina ligera sin tocar el suelo” (299). Augustus describe de esa manera a Hazel. Me impactó, esa es la verdad, porque me puse a pensar en cómo camina una por la vida, cómo camino yo por la vida. Creo que la mayor parte del tiempo siento este inmenso peso sobre los hombros (ver cita a Paul McCartney en mi reseña), como ahora. Qué maravilla poder, a pesar de la vida, de la enfermedad, de los tropiezos, poder caminar ligera. Leía en una reseña de The Guardian que lo que más le gustaba a la crítica era cómo Hazel no se proponía aceptar su enfermedad, sino aceptar la vida. Es decir, disfrutar de lo que podamos obtener de la vida. Es como ese dicho de si la vida te da limones, entonces haz limonada. Pero mejor, todavía: una limonada dulce y rosada.

No suelo leer libro por las lecciones que implican para la vida. Me gusta leer por placer. Estudio los libros y escribo sobre ellos porque los amo –y en parte por eso me he abstenido de reseñar libros que no logren pasar la prueba-. Pero debo reconocer que este libro me ha dado algunas lecciones. Lo que sí tengo claro es que se aprende leyendo. Yo he aprendido muchas cosas: palabras nuevas, anécdotas, historias, a escribir, a tener paciencia, a disfrutar tendida en una cama, a andar siempre con un libro en la cartera, para aprovechar cada momento… En este caso recibí una lección mientras leía un texto ágil, bien escrito, con personajes increíblemente bien configurados, llenos de sutilezas y rasgos contradictorios, como es una, ¿no?

¡Feliz cumpleaños Bueno, Bonito y Letrado: un año escribiendo!

primer_aniversario_bueno_bonito_y_letradoEn enero de 2013 comencé con este blog. ¡Feliz aniversario! Atrasado, porque la primera entrada original fue el 19 de enero del año pasado. Se trató de una pequeña nota titulada “Presentándome”. Había otras entradas también, algunos artículos antiguos que había subido para que el sitio no se viera pelado. Entre que me cuesta recordar los aniversarios –quiero decir, las fechas exactas- y que había tenido unas pequeñas vacaciones de escritura, esta entrada se fue postergando. Y me interesaba hacerla, porque estar un año escribiendo en forma constante no es menor. Además se trataba (se trata) de un proyecto personal, una oportunidad para escribir de lo que me interesaba, de la forma que me interesaba. Así han ido apareciendo las distintas entradas de este blog Bueno, Bonito y Letrado, a partir de mis lecturas y mis experiencias; de mi vida familiar y profesional; de conversaciones y momentos de reflexión solitaria.

Asimismo, llevo casi un año escribiendo reseñas en el sitio web de Publimetro. Partí con una crítica del libro ¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?, de Jeanette Winterson; fue un libro que me llegó hondo, justamente por esta necesidad de escribir. Esa primera reseña apareció el 22 de marzo de 2013, pero su génesis estuvo en este mismo blog, donde semanas antes había escrito otra nota sobre el mismo libro.

Así que ha sido un año lleno de lecturas y escrituras. También de estudio. Di mi examen de candidatura y me convertí en candidata a doctora en Literatura de la Universidad Católica. Después de eso preparé mi proyecto de título y estoy en esa etapa todavía. Para esto, también hubo lecturas, conversaciones y más escritos. Todo eso, por supuesto, como parte de una jornada en que soy también madre y esposa (escribo esto después de haber logrado que mi pequeño Tony se durmiera). No podría decir que soy algo más que lo otro. Soy todo eso y al mismo tiempo: estudiante, escritora, madre, esposa, mujer, y, claro, lectora. Esa combinación era la que quería dar vuelta en este blog y lo he estado haciendo durante un año ya y ha sido una experiencia excelente. Por lo tanto, aquí voy por otro año más en Bueno, Bonito y Letrado. ¡Los invito a acompañarme!

Retomando mi ritmo

Parte de la torre de libros en que estuve metida las últimas semanas.

Parte de la torre de libros en que estuve metida las últimas semanas.

Las últimas dos o tal vez tres semanas, escribir se volvió un poco complicado, simplemente por la escasez de tiempo para mí. Tenía unas fechas importantes en la universidad, y dediqué prácticamente todas mis horas diarias en leer, fichar y repasar las fichas que había hecho durante los últimos meses; ya saben, las primeras fichas suelen estar en una nebulosa, y necesitaba actualizarlas en mi cabeza.

Por eso, en vez de escribir, me dediqué a completar algunas de las columnas de libros que hecho para el sitio web del diario Publimetro, en vez de preparar algún material nuevo.

Ahora que estoy en una especie de descanso de tanto estudio concentrado –descanso autodecidido después de que ayer me estuviera quedando dormida sola-, he retomado lecturas nuevas, tratando de descubrir, recordar, encontrar, temas que me gusten, me motiven, me inquieten. Así que pronto tendré publicado aquí nuevas entradas, algunas de las cuales han estado dando vueltas en mi cabeza desde hace un par de semanas.

Feo, de Armando Uribe: versos de espera

Portada de Feo, de Armando Uribe.

Portada de Feo, de Armando Uribe.

Proponerse escribir todos los días implica una constancia que llama mi atención. Yo misma, que suelo estar escribiendo, no logro enfocarme en uno solo tipo de escritura todos los días, como si se tratara de una meta que cumplir. En el  reciente poemario de Armando Uribe (1933), Feo, encontramos  más de cien poemas, que fueron escritos bajo ese propósito: cada día entre el 11 de mayo y el 11 de junio de 2010, Uribe escribía. En general, poemas breves de seis versos, muchas veces con rimas asonantes, y otras, versos libres.

Sabemos la progresión, porque los poemas están publicados cronológicamente, y aparecen fechados. Pero, ¿cuál es el propósito? ¿Debe haberlo? El autor nos dice en el prólogo que no se trata de un diario de vida y, sin embargo, el primer verso dice “Me leo en este libro abierto” (15). La lectura de este poemario me recordó Veneno de escorpión azul de Gonzalo Millán, cuyo subtítulo es “Diario de vida y de muerte”. Millán comenzó a escribir su diario poco después del diagnóstico de cáncer, por el que murió cuando tenía casi 60 años. Si bien es un diario, es también un poemario, intenso, emocionante: es, de hecho, un libro abierto en que lo leemos hasta poco antes de su muerte; leerlo, por ende, aunque hermoso literariamente, es difícil en términos personales.

Pensé en Millán constantemente, porque Feo, aunque no sea diario de vida propiamente tal, sí trata sobre la muerte, pero no esa imprevista y tremenda, sino una lenta, que llega con la vejez y que se hace esperar. ¿Hay un propósito, como preguntaba más arriba? Bueno, sería especular, pero el que cada poema esté numerado en forma correlativa, y que podamos ver el paso de un mes de vida con la muerte rondando en los versos del poeta, nos envuelve en su espera, nos involucra, haciéndonos sentir que “no morirse es el castigo” (170).

Feo gira en torno de la espera, la muerte, y también el escribir. Como lectores apenas podemos acceder a Armando Uribe, el hombre detrás de la voz lírica, sin embargo, su “vida manuscrita”, está ahí sin pretensiones más que las de compartir los momentos previos a “cuando la muerte llegue y se vaya la vida” (129). Como  sabemos que no podemos esquivar la muerte, la interrogante que queda es “¿Qué escribiremos en el Otro mundo?” (67). El hablante contesta que tal vez haya versos perfectos, pero yo destaco que la voz salga de su singularidad y nos incluya a todos en su pregunta. En la pregunta, en todo caso, no hay impaciencia, sino serenidad, como sucede a lo largo de la lectura de todo el poemario: aguardar con serenidad, revisando algunos pasajes de la vida, sí, pero sin caer en la desesperación, sino tratando de ver y decir las cosas tal cual son, en verso.

Uribe Arce, Armando. Feo. Santiago: LOM Ediciones, 2012.

Un dato

Para los que hayan quedado interesados, pueden bajar Veneno de escorpión azul desde el sitio de Memoria Chilena: http://www.memoriachilena.cl/temas/documento_detalle.asp?id=MC0050989

Esta reseña apareció originalmente en el sitio web del Diario Publimetro, donde tengo una columna de libros semanal.

Leyendo sobre infancia

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Jugando con mi hijo Tony

Creo que no he escrito para el blog durante las últimas dos semanas, y no quería dejar pasar más tiempo. La verdad en que entre las lecturas para la universidad, la columna literaria y la vida (casa, hijo, esposo, etc.) no he tenido tiempo para preparar alguna entrada.

romulo_y_remo_2Entre las lecturas que he hecho para el doctorado, las ha habido variadas, algunas de teoría de la poesía, y dos libros muy interesantes. Uno es La misericordia ajena, libro sobre el abandono de niños durante la Edad Media. Su autor John Boswell hace un recuento muy interesante entre la documentación que uno consideraría propiamente histórica y la literaria, dando cuenta de cómo el abandono es parte de muchas obras de narrativa. En realidad, el abandono de niños no sería un hecho exclusivo del Medioevo, cosa de pensar en Rómulo y Remo, los niños fundadores de Roma criados por una loba. Y hoy en día, es cosa de pensar en las noticias.

elusive_childhoodEl segundo libro se llama Elusive childhood y llama la atención sobre el afán de los adultos de querer primero generalizar a los niños, como si hubiera fases por las cuales todos debería pasar sí o sí. Esto no hace más que negar la individualidad de los niños, forzándolos a la uniformidad. Lo segundo es cómo los adultos ignoran a los niños aduciendo que no son racionales o que todavía no manejan el lenguaje, como si la intuición o la comunicación previa al alfabeto no existieran. La autora Susan Honeyman repasa varios textos literarios para dar cuenta cómo los autores intentarían representar esta esquiva infancia. En un capítulo sobre la interrupción del discurso (adulto, por supuesto), Honeyman cita un pasaje de Jane Eyre de Charlotte Brontë. Jane, quien es considerada una mentirosa (esto es antes de conocer al señor Rochester), es prevenida por el señor Brocklehurst (director del colegio Lowood al que envían a Jane) sobre seguir esa senda, diciéndole que los niños malos se van al infierno. Ante la pregunta de cómo evitar esa situación –y ante la cual seguramente el señor Brocklehurst esperaba un nunca volveré a mentir, o será una niña buena- Jane responde que procurará tener una buena salud y no morir.

Al leer los distintos ejemplos pensaba en mi hijo Tony. La semana pasada, él quería salir al jardín para ver cómo le ponían un polerón al perrito de mi mamá. Hacía mucho frío y yo en realidad quería que se quedara adentro, pero le dije: “Es que hace mucho frío afuera”. Él me respondió: “Entonces me abrigaré”. Tenía razón, así que se puso su chaqueta y salió al jardín. Él me enseña todo el tiempo a no subestimarlo.

Los libros no terminan

El libro abierto es, de hecho, Leñador.

El libro abierto es, de hecho, Leñador.

El viernes pasado apareció en la revista digital 60 Watts (dedicada a la literatura), una reseña que escribí sobre el libro de Mike Wilson Leñador (¡pueden leer la reseña aquí!). No era la primera vez que escribía sobre esta novela publicada por un profesor del departamento de Literatura UC; también la había reseñado para Publimetro, en mi columna habitual de los viernes (o de los lunes cuando se les pasa subirla).

Aunque ambas reseñas tienen algunos puntos en común, como cuando me refiero a la estructura del libro –después de todo eso es algo que no cambia-, las centré en aspectos distintos e incluí citas diferentes también. Creo que lo fascinante de la lectura es que los libros nunca terminan y las lecturas que hagamos de ellos se van transformando, expandiendo: siempre hay algo nuevo o diferente que decir, algo que quedó en el tintero. Además en el caso de las reseñas, como crítica literaria pienso también en los distintos lectores: un público amplio en Publimetro, que seguramente ingresa al sitio web por sus aspectos noticiosos y descubre que hay una columna de libros; y uno específico en 60 Watts que busca específicamente leer sobre literatura.

Personalmente también es un desafío hacer más de un escrito sobre un mismo libro, porque me implica revisar mis apuntes, ir de nuevo sobre las citas marcadas, y descubrir tal vez una nueva mirada, un detalle que antes había pasado por alto. Como ven, no es solo un desafío, también es un placer.

Entre lecturas

Los textos en proceso y atrás el sofá para la lectura.

Los textos en proceso y atrás el sofá para la lectura.

De vez en cuando veo que en internet aparecen clasificaciones de los lectores con respecto a cómo leemos: ¿un solo libro a la vez?, ¿varios?, etc. Yo he estado observando la forma en que leo. Durante el verano traté de concentrarme en un libro a la vez, ya que había pasado los últimos años leyendo muchas cosas a la vez, ya fuera para la universidad como intereses exclusivamente personales y de los cuales no solía escribir nada. Con artículos y tesis que escribir y un hijo que prefiere que leamos sus libros, yo suelo leer en el metro; no son muchas las estaciones, pero leo rápido.

Así había ido avanzando muy rápido con La muerte llega a Pemberley hasta que la dejé en pausa mientras leía ¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?, el cual leí concentradísima. Después di vueltas por una serie de textos que más bien picoteé hasta que volví a La muerte…, que terminé hace un par de días.

Ahora he vuelto a mis costumbres, leyendo Feo de Armando Uribe, En el reino de Timaukel de Nicolo Gligo y el breve texto de Auerbach “Filología de la literatura universal”. Todo a la vez, en distintos momentos del día para satisfacer distintas necesidades. Y el panorama es que seguiré sumando textos, porque mis anotaciones van creciendo. La verdad, es que me gusta así, siempre con libros que leer.

Aprendiendo de los cuentos

La portada del libro The teacher from the Black Lagoon.

La portada del libro The teacher from the Black Lagoon.

Mi hijo Tony comenzó a ir al jardín infantil la semana pasada. No sabía bien cómo iba a resultar, después de todo él había pasado tres años en casa. Ahora, con la experiencia de algunos días transcurridos, la experiencia está siendo muy buena. Paralelamente a sus días en el jardín, un hermoso lugar con amplio jardín y animales como ovejas y gallinas, en casa hemos iniciado algunas tareas para complementar su aprendizaje del jardín, como que coma frutas sin que se las haga papilla primero.

Una cosa que hicimos fue hablar de las profesoras, ya que Tony ni siquiera conocía la palabra. Y para que no tuviera miedo, eché mano a un cuento, un libro divertido y con lindas ilustraciones, que mi marido Antonio y yo compramos años atrás, creo que Tony ni siquiera nacía todavía, era un niño creciendo dentro mío.  El libro se llama The teacher from the Black Lagoon, de una colección de Scholastic realizada por Mike Thaler (historia) y Jared Lee (dibujos).

En el libro, un niño se apresta a comenzar su primer día de escuela, y se pregunta quién será su profesora, enfrentándose a la posibilidad de que sea la señora Green, la que se supone es un verdadero monstruo. El niño deja volar su imaginación, a medida que la temible profesora va deshaciéndose uno a uno de los niños del curso, para descubrir finalmente que todo era un sueño, y que la maestra Green es una mujer linda y simpática.

La señora Green.

La señora Green.

Tony no entiende todos los pasajes, pero ama las ilustraciones, a la  monstruosa señora Green con su cola verde y sus narices que echan humo. Le gusta tanto, que descubrió que hay otros libros de la serie Black Lagoon, dirigidos a que los niños aprendan a lidiar con ciertos temas o problemas de la infancia, especialmente cuando comienza la etapa escolar. Así que le voy a encargar por lo pronto dos de esos libros, los que él eligió. Y seguiremos aprendiendo de los libros, y divirtiéndonos con ellos.

Lecturas de infancia

Tony leyendo Cosas que me gustan, de A. Browne

Tony leyendo Cosas que me gustan, de A. Browne

Siempre tuve fascinación por las letras. Cuando pequeña me encantaba un libro de profesiones de personajes de Walt Disney, en particular la página dedicada al escritor, y solía escribir historias chiquitas. Desde entonces, he escrito diarios, notas, reportajes, columnas, entrevistas, artículos académicos, y he ido llenado mi casa de libros. También de chica, -y todas estas historias son de antes de que cumpliera ocho años-, tenía dos libros ilustrados del cuento de la Caperucita Roja que me encantaban. Los dos tenían estilos muy diferentes; en realidad tienen, porque todavía existen y he tratado de introducírselos a Tony, mi hijo de tres años, pero él todavía no siente interés por la niña de la caperuza roja.

Como yo Tony también tiene fascinación por las letras, literalmente ama las letras, se sabe bien el abecedario en español y en inglés y está todo el rato deletreando palabras. De hecho, tiene varios juegos con letras y me robó mis moldes para galletas en forma de letras, porque insiste en que son para jugar y no para comer.

Tony en medio de la colección de libros que llevó para leer antes de dormir.

Tony en medio de la colección de libros que llevó para leer antes de dormir.

Esta combinación de recuerdos y placeres, viene a raíz de algo que sucedió hace unos días atrás. Era tarde y Tony no tenía muchas ganas de subirse a la cama a dormir. En verano hace todo lo posible por prolongar la hora de vigilia. Le dije que fuera a buscar uno de sus libros para que leyéramos en la cama y después podría dormirse más tranquilo. Su grito de ¡sí! debió adelantarme por lo menos parte de lo que vendría. Demoraba mucho en volver de su dormitorio, y yo lo llamaba, apurándolo para que leyéramos el cuento. Vuelve a la pieza no con uno sino con unos seis libros, los deja sobre la cama y vuelve a su dormitorio por más. Terminó trayendo todos los que tenía en el lado izquierdo de la cabecera de su cama, en la que tiene su propia biblioteca instalada. Es una colección que fuimos armando desde que supimos que estaba embarazada y a la que constantemente añadimos nuevos títulos.

Un acercamiento a los libros del relato de este post.

Un acercamiento a los libros del relato de este post.

Tony no solo quería traer los libros y sentarse en la cama con ellos, sino que quería que ¡los leyéramos todos! Transamos en solo algunos, por lo cuales siente mayor predilección: Cosas que me gustan de Anthony Browne (¡le encanta!); Pato está sucio, Perro tiene sed, Gato tiene sueño y Ardilla tiene hambre, de Satoshi Kitamura (los tres primeros los tiene autografiados por el autor); Tento busca su osito de Ricardo Alcántara; A dormir de Liesbet Slegers (de hecho, lo “leyó solo”, se lo sabe de memoria); Little Quak de Lauren Thompson; y un poema cortito para irse a la cama que viene en 365 cuentos y rimas para niños. Él quería seguir leyendo, pero finalmente se acurrucó y se quedó dormido. Mis lecturas ahora son un poco distintas, pero finalmente yo también me quedo dormida rodeada de unos cuantos libros, porque tampoco puedo leer solo uno a la vez.