Librerías vs farmacias

que_leoHasta marzo de este año, trabaja a tres cuadras de la librería Qué Leo de Providencia. Nada mejor que pasar después del trabajo a buscar un libro que me interesaba o aprovechar los días de libros sin IVA. Después de leer que quieren poner otra nueva farmacia en vez de la librería, nos muestra cuáles son las prioridades de nuestra sociedad. Lo pensé cuando cerraron la radio Horizonte para convertirla en el bodrio actual; cerrar una radio que es exitosa para convertirla en lo que es hoy en día, muestra que el mercado nunca es neutro, es ideológico; no solo se trata de ganar más, sino de hacerlo neutralizando lo diferente.

Lo mismo sucede ahora con el deseo de reemplazar un negocio que vende libros y que paga arriendo, por un negocio que podría dar más dinero a los dueños del local, pero que difícilmente nosotros necesitamos, ¿acaso no hay ya una farmacia en cada cuadra? En cambio librerías, no. Y las librerías no solo venden libros, también son centros de intercambio de ideas, de relaciones personales, son lugares en que uno sabe que está hablando en un mismo idioma, que el que te atiende quiere a los libros como tú los quieres.

Lo más triste es que yo estaba esperando hablar de la apertura de la Qué Leo de Ñuñoa, muy cerca de mi casa y debajo del salón de té Délice –al que voy desde el primer día que abrieron-, y en cambio, se convirtió en una nota sobre el eventual cierre de la otra Qué Leo.

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Los libros no terminan

El libro abierto es, de hecho, Leñador.

El libro abierto es, de hecho, Leñador.

El viernes pasado apareció en la revista digital 60 Watts (dedicada a la literatura), una reseña que escribí sobre el libro de Mike Wilson Leñador (¡pueden leer la reseña aquí!). No era la primera vez que escribía sobre esta novela publicada por un profesor del departamento de Literatura UC; también la había reseñado para Publimetro, en mi columna habitual de los viernes (o de los lunes cuando se les pasa subirla).

Aunque ambas reseñas tienen algunos puntos en común, como cuando me refiero a la estructura del libro –después de todo eso es algo que no cambia-, las centré en aspectos distintos e incluí citas diferentes también. Creo que lo fascinante de la lectura es que los libros nunca terminan y las lecturas que hagamos de ellos se van transformando, expandiendo: siempre hay algo nuevo o diferente que decir, algo que quedó en el tintero. Además en el caso de las reseñas, como crítica literaria pienso también en los distintos lectores: un público amplio en Publimetro, que seguramente ingresa al sitio web por sus aspectos noticiosos y descubre que hay una columna de libros; y uno específico en 60 Watts que busca específicamente leer sobre literatura.

Personalmente también es un desafío hacer más de un escrito sobre un mismo libro, porque me implica revisar mis apuntes, ir de nuevo sobre las citas marcadas, y descubrir tal vez una nueva mirada, un detalle que antes había pasado por alto. Como ven, no es solo un desafío, también es un placer.