Evelyn Waugh y el periodismo

noticia_bombaNo recuerdo haberme reído tanto leyendo un libro, como cuando gocé de principio a fin ¡Noticia bomba! (1938) de Evelyn Waugh (1903-1966). El autor inglés es conocido por esa obra fundamental Retorno a Brideshead, la que no solo es una pieza hermosa de escritura, sino que sobrepobló al castellano de la palabra revisitado, por su título en inglés, Brideshead revisited. Yo antes de atreverme a leer ese libro, que era además un tesoro para mis padres, preferí lanzarme con ¡Noticia bomba!, era, después de todo, una época en la que soñaba con convertirme en periodista. Bueno, nada mejor que este libro para aterrizarla a una con respecto a mi primera profesión.

El libro gira en torno al personaje William Boot que por un error termina convertido en corresponsal de guerra en África. Waugh se basó en su experiencia como corresponsal en Etiopía, pero en su escrito prefirió ubicar la acción en un país ficticio. Boot no sabe nada de cubrir una guerra, de hecho, sabe y poco nada de periodismo, aunque es un colaborador en un diario, pero sus escritos son sobre la naturaleza. Por eso, cuando le asignan esta corresponsalía se verá envuelto en un malentendido tras otro. Mientras Boot confunde terminología periodística y se siente realmente perdido, Waugh, por su parte, sabe muy bien de lo que habla, su afán es mostrar al periodismo de forma descarnada. A la distancia, pienso en ese dicho “entre broma y broma, la verdad asoma”, porque una podrá reírse a carcajadas (de hecho, tal vez no es buena idea tenerla como lectura en el metro), pero la crítica es despiadada.

Y no me malentiendan, todavía amo el periodismo y creo que pueden escribirse textos increíbles, hermosos y también reveladores; pero la maquinaria que mueve al periodismo puede ser difícil de sobrellevar, tanto como periodista como lector/auditor/televidente. Una de mis principales objeciones –y tengo varias- es la falacia de la objetividad. Cuántas horas de estudio dedicamos durante los años de universidad a una palabra que en la realidad está lejos de existir como práctica. Cómo podría serlo si los medios pertenecen a gente con ideologías determinadas; los editores y periodistas también las tenemos: posiciones claras desde donde escribimos o perspectivas que nuestros jefes se preocupan de que tengamos en cuenta. Es extraño, porque pareciera ser tan transparente, porque vemos las noticias o leemos el diario o escuchamos la radio, y pareciera que todo está ahí. Y no.

La forma de hacer periodismo ha cambiado en cuanto a las tecnologías. Boot tenía que enviar cables con sus notas, y yo a veces las dictaba por celular para alcanzar a salir en la primera edición del diario. Pero más allá de eso, ¡Noticia bomba! es un libro completamente vigente e hilarante.

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