Animales chilenos, Claudio Gay, aprender y volver

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Interior del libro “El cuaderno perdido de Claudio Gay”, parte de una colección de libros para niños.

Uf, hace meses que no escribía para Bueno, Bonito y Letrado. Estoy a pocas semanas de dar a luz y, para ser honesta, este segundo embarazo me asaltó. Después de meses de náuseas y poco ánimo (cumplir con la universidad y el trabajo, y mi primer hijo, se llevaban toda la energía), he decidido que no podía seguir así. Porque si hay algo que he echado de menos ha sido este blog (he aquí el “volver” del título).

Cuando vi en el sitio de Memoria Chilena la invitación para ir al lanzamiento del libro El cuaderno perdido de Claudio Gay, me prometí hacer todo lo posible por ir. Y no solo porque fueran a regalar el texto a los niños y niñas presentes. Así que el último día de abril, mi esposo, mi hijo Tony y yo partimos en el metro rumbo a la Biblioteca Nacional y tuvimos una mañana excelente. Primero en el lanzamiento y luego visitando la muestra de ilustraciones botánicas. Esta exposición es, de hecho, un imperdible; se pueden ver trabajos fechados a partir de 1579 en adelante. La muestra incluye un puzle de cubos gigantes con ilustraciones botánicas. Mi Tony se fue directo a tratar de armarlo, organizándose al momento con otros niños y niñas que querían hacer lo mismo.

Durante la presentación del libro.

Durante la presentación del libro.

Ahora sobre el libro. Cuando le dije a mi hijo Tony acerca de este libro él estaba emocionadísimo. Y claramente no era el único. Cuando llegamos a la biblioteca (unos pocos, pero muy pocos, minutos después de iniciado el lanzamiento) descubrimos que estaba llenísimo; lleno de padres y abuelos con sus hijos y nietos participando de una actividad en que los niños y niñas pudieron asistir a una conferencia en que se les habló acerca de los animales chilenos; una oportunidad en que, además, pudieron preguntar acerca de esos mismos animales.

El libro es parte de la colección dedicada a niños que inició la biblioteca y no se trata exactamente de un cuaderno de Claudio Gay perdido, encontrado y publicado; lo que supongo habría supuesto mucho más ruido. Pero sí reúne ilustraciones de Gay, agrupadas según el hábitat de los animales: tierra, agua, aire. Aparecen, entre otros, vizcachas, pudúes, huemules, caracoles, merluza, sapos, mariposas y el pájaro de siete colores, que maravilló a Tony. A cada especie se le otorgan dos páginas con distintas, hermosas, ilustraciones de Claudio Gay. Cada entrada es acompañada además de textos que buscan, por un lado, profundizar en las características de los animales y de su hábitat y, por otro, inspirar a través de la lectura. No se trata de oraciones planas ni asépticas; sino de textos bien concebidos, poéticos, que no solo hablan de ciencia, sino de vida; de aprender y conocer, pero también de amar. Y no podía ser de otra manera, teniendo en cuenta que la autoría de los textos corresponde a la escritora María José Ferrada (Niños, Un mundo raro, El árbol de las cosas, Notas al margen).

Tony retirando su ejemplar de "El cuaderno perdido de Claudio Gay"

Tony retirando su ejemplar de “El cuaderno perdido de Claudio Gay”

La manera en que está conformado el libro, entonces, no convierte su lectura en una mera cita de estudio. Aunque no lo descarta. De hecho, diría que la aproximación es más completa; ya que logra captar que el aprender no es solo un asunto intelectual, sino que involucra las sensaciones, los sentimientos. Conocemos a través de los datos y las informaciones, pero también a través de la forma en que esos contenidos son transmitidos. En ese sentido me parece hermoso que los editores abracen esa aproximación más orgánica. Y en que el arte no queda fuera de la ecuación. Así que no es de extrañar que en la noche Tony se vaya a la cama con la lectura de El cuaderno perdido de Claudio Gay. Él ha ido eligiendo sobre qué animales quiere leer primero. Observamos y comentamos las ilustraciones; y leemos los textos. Todo le produce nuevas preguntas o nuevos comentarios. Goza con las palabras y los dibujos; y también analiza y compara los animales. En el caso de los caracoles, recordó cuáles le parecía haber visto; y quedó totalmente prendado de la descripción que se entrega de uno de ellos, asemejándolo a las torres de un castillo. Como también le causó desazón saber que ese preciso espécimen estaba extinto (lo que de paso sirvió para hablar acerca del tema de la extinción de los animales; tópico que estamos tocando cada cierto tiempo).

Tony y yo en la exposición de ilustración botánica

Tony y yo en la exposición de ilustración botánica

Para concluir, se trata de una edición pequeña, con una portada muy austera; lo que se encuentra adentro es el tesoro. Muy bien impreso y diagramado; con papel de buena calidad. Con un trabajo así, ya espero cuál será el tercer título de la colección para niños. Para los que se quedaron sin un ejemplar o no se enteraron de esta actividad, el libro también se puede descargar desde el sitio Chile para niños (iniciativa que nació a partir de Memoria Chilena).

Tony y el equipo de armadores de puzles

Tony y el equipo de armadores de puzles