American Visa, enredos del yo

American Visa, de Marcelo Rioseco

American Visa, de Marcelo Rioseco

La primera parte de American Visa de Marcelo Rioseco engaña un poco. Tiene que ver con el protagonista, Marcelo, a quien todos llaman Marce, y que en primera persona nos relata lo feliz que es con su gringa Kimberly con quien partirá a Estados Unidos a hacer un posgrado. Marcelo es un sujeto que tiene las cosas claras, a veces tan claras que llega a ser insufrible de verborrea y declaraciones clichés. Digo que el libro engaña, porque Marce irá despojándose de clichés y seguridad a lo largo del libro, que es también un viaje, un viaje por Estados Unidos, pero también un periplo para despojarse de frases hechas, estereotipos y convencimientos, de lecciones aprendidas viendo televisión, en vez de dejarse llevar por la experiencia..

A la larga, lo que parece un texto centrado en un tipo que sueña con estudiar en un país que en realidad aborrece, se convierte en un libro divertido y con algunas críticas al sistema académico. Asimismo lo que parece un libro formal y establecido, se convierte en una narración que se burla de sí misma, que no se toma en serio. De hecho, no podemos estar seguros ni del propio narrador, porque cada vez que aparece su yo iremos descubriendo que a veces se trata de él y otras de su amigo Simón, quien no solo corrige la ortografía del texto, sino que ha tratado de apropiárselo; incluso la novia estadounidense de Simón mete su mano por ahí, dejándonos un texto en que el yo no solo es claramente una ficción –a pesar de que intentemos unir al Marcelo narrador con el Marcelo escritor-, sino un juego.

Así nos encontramos con ejemplos como el siguiente: “Amanda quería que pusiéramos [en el libro] un polvo de ella con Simón o, mejor aún, una escena lésbica entre ella y Jennifer. Decía que si la hacíamos medio porno iba a vender más. ¿Vender a quién? Simón no descartó la posibilidad, porque él siempre fue medio inclinado a los gustos perversos. Nota a pie de página: esta frase la escribió él mismo para hacerse el poeta y ganar publicidad” (219).

Paralelamente a los juegos narrativos, nos encontramos con una historia de desamor, otra de encuentro consigo mismo, y la sorpresa de un personaje muy secundario que aterriza en la vida del protagonista remeciéndola hasta la liberación: del yo, de Estados Unidos, de las formas y las expectativas. Reconozco que en más de una oportunidad he dejado de lado un libro cuando sus primeras páginas me han sido insatisfactorias –o de plano imposibles de leer-, pero en este caso, hay que darle una oportunidad, porque ese Marce que se las sabe todas y da discursos que uno no le ha pedido, no es más que parte del personaje, y no un problema de la narración.

Rioseco, Marcelo. American Visa. Santiago: Random House Mondadori, 2013.

Esta reseña apareció originalmente en el sitio web del Diario Publimetro, donde tengo una columna de libros semanal.

Y un nuevo año comienza

happy_new_yearPrimer día de 2014. ¡Al fin! Tal vez el verdadero al fin llegará cuando mi esposo y yo salgamos de vacaciones, pero de momento haber dejado atrás 2013 parece suficiente. Hace muchos, muchos años, yo trabajaba en periodismo, bastante estancada en un lugar en que tenía una jefa que era una pesadilla. El trabajo no era malo, pero estaba aburrida de hacer todo el trabajo sin recibir el crédito que me correspondía. Así que decidí irme, quería rehacer mi vida profesional. Varios años han pasado ya y estoy haciendo mi doctorado en Literatura, tengo a mi hijo y mi esposo, ambos adorados y las cosas son mucho –¡realmente muchísimo!- mejores que en aquellos tiempos.

Este año, especialmente el final, no resultó de lo mejor, a pesar de que conseguimos alcanzar algunas metas, como una beca y hacer clases en la universidad. Al mismo tiempo, ha habido momentos difíciles, aunque nuestra familia de tres se mantiene fuerte y feliz. Así como años atrás ansiaba que llegara un nuevo año lleno de nuevas oportunidades, una libreta con todas sus hojas limpiecitas y planchadas para seguir escribiendo en ellas; ahora con mi esposo nos sucedía lo mismo, ya queríamos que 2013 se acabara y se llevara los momentos que es mejor dejar atrás –incluyendo una visita a urgencias, creo que por primera vez en mi vida-. Este post tal vez no tendrá literatura en términos estrictos, aunque para mí cada letra escrita es literatura, pero pensé que el primer post de este 2014 nuevecito, impecable, lleno de posibilidades, solo podía ser personal. Así que ¡felicidades para todos en este nuevo año!

 

Llegó el verano

Tony disfrutando del verano en el bosque.

Tony disfrutando del verano en el bosque.

Aunque no las vacaciones… Echaba mucho de menos escribir, pero el fin de semestre ha sido una locura. Entre las actividades de fin de año de Tony en el jardín infantil hasta las correcciones de último minuto de trabajos de clases, el tiempo se escapa de las manos. Hace un par de meses podía quedarme hasta muy tarde escribiendo, pero ahora mi mente se pierde pensando en galletas de Navidad y la verdad es que me cuesta mantenerme despierta. Al menos ya no es necesario despertarse a las 6.30 de la mañana porque Tony salió de vacaciones.

Pero ya que hoy es el solsticio de verano, me vino a la mente Dylan Thomas. El poeta galés es un favorito de mi papá, así que desde muy niña lo vi en la biblioteca hogareña. Adoraba –todavía lo hago- Retrato de un artista cachorro, poético, fresco, hermoso. El nombre les recordará El retrato del artista adolescente de Joyce, que, aunque también me gusta, también es un poco deprimente, o al menos su lectura me producía una gran tristeza.

Entrando al bosque.

Entrando al bosque.

Como decía, pienso en Thomas y me imagino Gales verde, con calor y una brisa fresca. Todo lo contrario a lo que yo conocí. Ya que viajé a Gales en pleno invierno –hace ya muchos años-. Era verde, claro, pero muy helada y casi no paró de llover. Thomas tiene un poema que se llama “I see the boys of summer”. El título llama imágenes que el primer verso deshace; a los niños animados, alegres corriendo por la playa, opone un “I see the boys of summer in their ruin”. ¿Está hablando entonces de niños del pasado? ¿Qué es lo que está en la ruina? ¿Siguen siendo niños, aunque estén prontos a morir? Ante esas preguntas es difícil saber si está siendo negativo, tal vez solo está viendo que todo lo que nace nos abandona también; así como después del día y del sol brillante, vendrá la noche y la oscuridad.

El poema está compuesto de tres partes y nueve estrofas. La tercera me gusta mucho:

I see the summer children in their mothers

Split up the brawned womb’s weathers,

Divide the night and day with fairy thumbs;

There in the deep with quartered shades

Of sun and moon they paint their dams

As sunlight paints the shelling of their heads

Mi pequeño libro de Dylan Thoman, en el que leí “I see the boys of summer”.

Mi pequeño libro de Dylan Thomas, en el que leí “I see the boys of summer”.

Los niños del verano dentro de sus madres. Me hace pensar en mi hijo, quien nació a principios de diciembre, casi en el verano. Pero ese año hacía muchísimo calor. Recuerdo que ya no soportaba el calor, mi vientre gigante y mis pies hinchados. Y cuando nació, se llenó de un sarpullido por el calor que hacía en la clínica. Se lo quité lavándolo con leche de avena que yo misma preparaba. Dándole vueltas a Thomas, no resulta tan extraño esa idea de los niños entre el sol y la luna, entre el día y la noche. Por supuesto, eso se puede interpretar de distintas maneras; pero me gusta pensar que mi hijo tiene tanto del sol como de luna.

Entonces, ¿ve en los niños ya lo que acabarán siendo? ¿Y qué clase de ruina será esa? Porque habla de exorcizar la muerte, de desafiar incluso las estaciones, aquello que se supone predeterminado. Me recuerda el título de otro de sus poemas: “And death shall have no dominion”. Me hace pensar también en el verano: luz, vida, estar al aire libre. La muerte da paso a la vida, como el invierno dio paso al verano. Ahora, ¡a disfrutarlo!

 

Cansancio

Cansada de estar cansada.

Cansada de estar cansada.

Otra semana llena de actividades que hace que decaiga mi tiempo para escribir en el blog. Esta semana es el cumpleaños de mi hijo Tony, pero también ha coincidido con correcciones de trabajos y otras pegas eventuales que van a apareciendo. Pero es principalmente el trasnochar lo que me cansa; por mí estaría durmiendo a las diez de la noche.

Cuando estoy cansada, siempre –realmente siempre- pienso en la canción de los Beatles I’m so Tired. Crecí escuchándolos, tanto así, que me sé de memoria el orden de las canciones en los discos y me sé la letra de casi todas las canciones, a veces no enteras, pero la mayor parte. Así que sin esfuerzo, comienzan a aparecer las estrofas que me recuerdan que estoy tan cansada, que apenas he dormido un pestañazo. Y qué cierta es la parte de que, a pesar del cansancio, la cabeza no deja de pensar: se llena de ideas, de cosas que quiero hacer y de cosas que tengo que hacer; de tareas inconclusas, de cuentas por pagar, de recuerdos divertidos, de momentos tristes. Qué activa puede ser nuestra mente justo cuando queremos desconectarnos.

Escribir sobre I’m so Tired, me hizo pensar en otra canción de los Beatles, I’m only sleeping, que, de hecho, viene en mi disco favorito. “Please, don’t wake me, no, don’t shake me, leave me where I am, I’m only sleeping”, canta Lennon. ¿No es extraño conformarse con pensar en descansar? ¿O tal vez basta pensarlo?

Pensar en canciones que me han alegrado desde la infancia o tal vez antes –debo haber nacido escuchando a los Beatles-, opera de la manera correcta, dejando el cansancio atrás o poniéndolo en perspectiva. Pienso, por ejemplo, en la primera canción, y cómo va volviéndose más intensa, como sacando fuerzas incluso del agotamiento. Y la segunda, es un placer, me hace sonreír.

Por eso, no está de más recordar “Estoy cansado” de Luis Cernuda. El hablante llega a decir en un momento “Estoy cansado de estar vivo”, pero recapacita al verso siguiente: “aunque más cansado sería el estar muerto”, para concluir que “estoy cansado del estar cansado”. El poema apareció en el libro Un río, un amor de 1929 y si lo leen completo, llama la atención cómo se va llenando de la idea de estar cansado hasta el extremo de generar una sensación de cansancio. Cuando dice que el cansancio tiene plumas que nunca vuelan, en un plano literal ya habla de que el estar cansado no lleva a nada, nada se saca con andar quejándose.

Yo con las plumas, pienso en la escritura; el poema es de la década de 1920, por lo cual lo imagino escrito con pluma: ¿se cansa uno de escribir?, ¿se cansa uno de hacer aquello que siempre quiso hacer, sea lo que sea? Poetas que se preguntan por su voz y su labor, por su ars poetica. Escritores –de poemas, de críticas, de novelas, de entradas de blogs- que se preguntan (nos preguntamos) por la naturaleza de lo que hacen: escribir. Y la respuesta ante la duda y el cansancio es, ¿paradójicamente u obviamente?, seguir escribiendo.

Los sentidos de Noticias sobre ti misma, de Fátima Sime

Noticias sobre ti misma, de Fátima Sime.

Noticias sobre ti misma, de Fátima Sime.

Noticias sobre ti misma es un libro de cuentos de corte erótico. ¿No pareciera que este año la escritura erótica ha estado presente, muy presente? Personalmente, no he leído los libros más mencionados durante el año, así que difícilmente vincularé mi lectura de Noticias con esos aciertos de ventas. Pero de todas maneras la idea de lo erótico en la literatura me da ciertas vueltas en la cabeza. En particular, porque este libro de Fátima Sime no siempre me pareció erótico y, de hecho, el cuento más derechamente sexual, fue el más desilusionante, tanto en técnica como en cuanto a su historia.

Afortunadamente el relato en cuestión, “La carne es débil”, se encontraba bien avanzado el libro. En general, los cuentos de Noticias son atractivos, entretenidos, algunos con un buen uso del suspenso y también del humor. En pocas páginas, la autora no pareciera buscar soluciones rápidas ni dar finales concretos y cerrados, sino más bien exponer sensibilidades, no situaciones, sino sensaciones de personajes que se encuentran de alguna manera atrapados, asustados, insatisfechos. Más que textos eróticos, me parecen textos sobre lo sensorial, a veces transformado en sensualidad y otras en odio, rechazo, lástima, culpa.

Los cuentos están casi en su totalidad protagonizados por mujeres, pero ninguna de ellas está plena, todas revelan algún tipo de carencia que suplen a través de la piel, ya sea vistiendo un vestido de seda para hacer el aseo de una casa, o disfrutando del aliento de un hombre en las piernas. Desde el punto de vista mujeril, me hubiera gustado ver por lo menos alguna mujer más independiente, más fuerte, y no castigada siempre castigada por el abandono, por cuanto hace invalidante la figura de la mujer. Especialmente cuando pienso en el último cuento del volumen, “Nadie sabe cómo sueñan los perros”, que es sin duda el mejor del libro y en el que la única mujer es un recuerdo, porque ella ha sido la que ha abandonado. El relato narra una tarde de caza de un padre, su hijo y el perro enfermo, teniendo en cuenta esas características que antes mencionaba: la sensibilidad, la sensación del contacto de la piel, sin ninguna incidencia de lo erótico.

Sé que partí hablando del cuento que yo hubiera dejado fuera del libro, pero me parece que esto no invalida unos textos interesantes y atractivos de leer. Qué difícil escribir un cuento, una idea completa en pocas páginas. Los cuentos de Fátima Sime no solo están bien logrados, además se distinguen uno del otro, los protagonistas, las historias, los ambientes son variados, y en eso muestran originalidad y habilidad en la narración.

Sime, Fátima. Noticias sobre ti misma. Santiago: Editorial Cuarto Propio, 2013.

Esta reseña apareció originalmente en el sitio web del Diario Publimetro, donde tengo una columna de libros semanal.

Just Write it in English: a Start

Me writing the post.

Me writing the post.

A little intro

My husband and two of my beloved friends have told me for a while: “Write it in English!”, that is, write a post in English. I started this blog Bueno, Bonito y Letrado since January this year. The title literally means Good, Beautiful and Literate (or Lettered, because in Spanish Letrado means both words); but it is also a word game, a deformation of a popular saying in Chile: Bueno, Bonito y Barato –or “the three Bs”- (Good, Beautiful and Cheap).

I wanted to write about literature and books, but from my experience as a Doctorate student, mother, wife, woman. So I decided doing it in a blog. But blogging should be about reaching people in every place, and not just the Spanish-speakers, so here I am, writing in English.

Getting into letters

For the moment I have thought on writing just about Chilean or Latin-American authors and books, and try to present some of them to people who speak English and might be interested in knowing about our literature. For this very first English-written-post I would like to talk about the poetry book Bruma (Lolita Editores, 2012), by María Inés Zaldívar. I reviewed this text months ago in Spanish, and it really captured me the way the poems talked about everyday life. “Me enamora la manera / cómo partes el limón” (13) are the first two verses of the book, and they mean “I fall in love with the way / how you cut the lemon”. Those verses show the tone of the poems: they appeal to love, and they are also involved in a beautiful everydayness. Actually it is in our day to day life when we experience and we feel, love is lived in the simple things of everyday life, and that what we found in Bruma (Mist).

Bruma, by María Inés Zaldívar.

Bruma, by María Inés Zaldívar.

So we are not surprised when the lyric voice remembers “big hands / sliding down the keyboard” (“grandes manos / deslizándose por el teclado”, 41), or her lover eating a pair of crispy toasts with butter and drinking a cup of coffee. When I write in this blog or even in my academic work at university, the everyday element is inescapable, because –for me- it is in the small and intimate aspects where life is played, and that is also true for poetry, which actually illuminates our own existence. In that sense, when I think of Bruma, I remember that my son was playing with his toy cars beside me when I was reading it. The family scene is now linked to those verses; just like in the poem, love melts as butter over a warm toast, covering every feature, every corner of life.

A very interesting figure in the poem is Penelope. We know her as the loyal wife who waits for the return of his husband Odysseus, a waiting which she manages by knitting. The poet takes Penelope and positions her in our common places, event trying to buy a lipstick which has been sold out. This raises a debate: how should it be Penelope’s waiting? Well, Penelope should be able to decide for herself. This Penelope loves waiting, loves recalling, and carrying on with her life. Maybe that is why there is so much life and light in Zaldívar’s verses, you can hear the crunch of the toast and taste the coffee; you can feel a lover’s back beside yours.

Vidas mínimas por Doris Lessing

Doris Lessing recibió el Premio Nobel de Literatura en 2007.

Doris Lessing recibió el Premio Nobel de Literatura en 2007.

Ya ha pasado su tiempo desde que Doris Lessing murió (el 17 de noviembre) y no es que haya necesitado estas semanas (solo) para digerir la noticia, después de todo, su obra sigue aquí; pero no estaba segura sobre qué escribir. No quería convertir estas líneas en una sarta de lugares comunes o en una biografía que bien se puede sacar de Wikipedia. Así que después de darle vueltas al asunto, decidí ir a lo específico –muy específico, incluso-, hablar de un cuento: “El sol entre las patas”. Esta historia aparece en el volumen Un hombre y dos mujeres (publicado originalmente en 1963). Con respecto al título fue amor a primera vista por dos motivos. Primero la presencia del sol, sobre lo cual no tengo más que decir que fue pura intuición; pero luego estaban “las patas”, no los pies, sino las patas, lo que ya hacía prever que sería posible encontrar una perspectiva diferente en el relato.

El cuento nos presenta un espacio al aire libre, en que el sol es protagónico. Se nos habla de cómo va haciéndose más grande y fuerte a medida que avanza la mañana, dando lugar a un lugar muy seco sin llegar a ser un completo desierto. Algunas palabras nos ayudan a situarnos en África, se menciona a los bosquimanos, por ejemplo, y sabemos que estamos en una reserva, pero no hay más seres humanos que una mujer. “Había llovido la noche anterior, la corta hierba que me rozaba los tobillos estaba todavía húmeda y el primer sol no había tocado la arena. Había un afilado saliente de roca en mitad del espacio. La roca estaba húmeda y yo sentía que la humedad caliente subía por mis piernas desnudas (58). Ese párrafo es una muestra del detalle con que la narradora nos habla del espacio y también es el párrafo en que se posiciona, la narradora habla desde un yo, pero no busca relatar su experiencia, sino la experiencia de otros.

La portada de Un hombre y dos mujeres

La portada de Un hombre y dos mujeres

Esos otros son dos escarabajos peloteros, de esos que forman bolas con el estiércol y las trasladan. Página tras página –no tantas, sin embargo, es un relato breve-, la narradora cuenta la lucha de los dos escarabajos en contra del espacio y los obstáculos que encuentran. Aquella pequeña saliente de roca que se menciona en el texto será el gran impedimento de los dos escarabajos y su bola de estiércol que una y otra vez se devuelve o va a parar al agua, pero nunca al lugar que ellos esperan. La mujer que nos va contando cómo el sol llega a su punto más alto y luego empieza a descender dando a entender que los escarabajos han estado enfrascados todo el día en una tarea que probablemente no logarán cumplir, no será siempre una testigo pasiva, sino que tratará de encauzar a los escarabajos sin éxito. Al final cada uno se labra su propio camino, aunque no nos lleve a ningún lado.

Tenía razón con que lo de las patas era llamativo, no eran patas de un mamífero como había pensado cuando me topé por primera vez con ese título; la historia de esos dos perseverantes escarabajos era inesperada. Una pequeña historia contada con maestría por Lessing, dando a entender que no hay criaturas pequeñas, o más bien que tanto las criaturas grandes como las pequeñas, tienen su propia vida y toman sus propias decisiones. En cuanto al sol del título, no se trata de la gran bola incandescente del cielo, aunque el cuento nos lo trae a colación en forma constante, sino de la pequeña bola de estiércol de los escarabajos, ese es su sol, en torno a esa bola es que gira su mundo. Una belleza de relato.

Y recordando algunos datos biográficos, “El sol entre las patas” ocurre claramente en Rodesia, donde Lessing vivió por más de veinte años cuando era joven. Dice en el cuento: “Porque se conservaban restos de fortificaciones construidas con tierra y piedras por los Mashona para defenderse de los Matabele, cuando llegaron cabalgando detrás del ganado y de las mujeres, antes de que Rhodes terminara con todo aquello” (57). Cecil Rhodes conquistó la región que terminó recibiendo su nombre. ¿Será la misma Lessing aquella mujer que presencia y relata la aventura de los escarabajos? Para seguir imaginando…

Hasta ya no ir y otros textos: mujeres alejadas del mar

Hasta ya no ir y otros textos, de Beatriz García-Huidobro.

Hasta ya no ir y otros textos, de Beatriz García-Huidobro.

Me parece que la situación de las mujeres en Chile no es algo de lo que se hable realmente. Incluso los femicidios parecen ser minimizados. A algunos les basta con decir que Chile ya no es un país machista, pero es cosa de darle vuelta a nuestros hablares y actuaciones cotidianas para ver qué no es así. Lo mismo sucede cuando revisamos ciertas obras literarias. Leí Hasta ya no ir y otros textos de Beatriz García-Huidobro y queda una sensación muy amarga. Se trata de cuatro relatos, encabezados por el ya conocido “Hasta ya no ir” publicado originalmente en 1996. En estos cuatro textos las figuras protagónicas son mujeres, y jóvenes, la mayor parte niñas, rodeadas de mujeres mayores, cuyas vidas claramente no son plenas. Cada respiro, cada intento de escapar, de salir del encierro –literal y cultural, por cierto-, acaba en alguna clase de castigo: vejaciones, muertes o automutilaciones. En el mejor de los casos, simplemente alejarse, sin expectativas ni finales felices.

Las historias de García-Huidobro no son panfletarias, pero sí dan cuenta del lado amargo de ser mujer: sus mujeres están rotas. En “Fatiga de material” la madre se va descomponiendo producto de un tumor cerebral. En su locura, la madre ansía el mar, las olas. “Necesito irme de vuelta al mar” es todo lo que desea esta mujer que mientras todavía se ve hermosa –aunque no entienda nada de lo que sucede en su entorno- es violada cada noche por su marido. Al final, una se pregunta si lo que la descompuso es el tumor, o si no es más que una metáfora. La figura está en el mar: los cuatro relatos apelan al mar. “Me gusta, quiero conocer el mar” (19), dice la niña del primer relato, pero nunca se cumple. En “Marea”, la niña sueña con bañarse en el mar, pero su abuela se lo prohíbe. La madre enferma se debe contentar con ver el mar en un video, e incluso en el último texto, “Jardín japonés”, la cocina “tiene olor a mar. A peces y algas, a agua estancada y a la sal” (148). El mar, libre en su movimiento, ondulante, a veces calmo, y otras veces intenso y rompiente en grandes olas sobre la arena, no es alcanzado. Más bien estas mujeres son mares contenidos por los molos de abrigo.

Hasta ya no ir y otros textos se instala en la intimidad de estas niñas y mujeres, dando cuenta de episodios terribles, pero sin caer en melodramas. Por el contrario, a veces la prosa pareciera alejarse. Pero tiene sentido, porque son las mismas protagonistas las que cuentan sus historias: la única manera de hacerlo, parece ser distanciarse un poco. En ese proceso, parecieran mayores, experimentadas, o tal vez, agotadas.

García-Huidobro, Beatriz. Hasta ya no ir y otros textos. Santiago: Lom Ediciones, 2013.

Esta reseña apareció originalmente en el sitio web del Diario Publimetro, donde tengo una columna de libros semanal.

Correcciones

 

Corrigiendo en el balcón.

Corrigiendo en el balcón.

Estas últimas dos semanas han sido duras. Realmente mucho trabajo, correcciones de artículos y reseñas, corregir los trabajos de mis alumnos, preparar las clases, escribir mi proyecto de tesis del doctorado y leer para mi reseña semanal en Publimetro. Eso sin contar, con que sigo preocupándome de tener mi casa ordenada y cuidar a mi Tony, quien será un amor, pero también es un niño de casi cuatro años, por lo cual requiere bastante atención. De puro escribirlo, estoy cansada de nuevo.

Por eso tenía al blog esperándome. Pero heme aquí de vuelta, porque no pude evitar hablar acerca de los errores de escritura. Estos últimos días me tocó encontrarme con varios libros que penaban por la falta de un corrector de textos. No solo había muchos errores de tipeo, sino casi una total desidia acerca de cómo se escriben las palabras y se redacta un texto. Los errores en un escrito, especialmente cuando se acumulan muchos, hace que se pierda el hilo de la lectura y la atención. Me pasa lo mismo cuando veo las noticias y un despacho está lleno de incongruencias de lenguaje, termino preocupada de la forma y la historia queda en segundo lugar.

Yo no soy una inquisidora de la ortografía, pero sí me parece que un texto publicado debería pasar por todos los filtros necesarios para que no hubiera errores –y he leído varios libros sin errores-. Lo que me parece divertido es que estos mismos escritos que parecen no haber sido corregidos, se empeñan en mantener algunas prácticas que ya no son necesarias, como ponerle tilde a “solo” y a los pronombres demostrativos (este, ese, etc.). Dicho eso, tengo que agregar que corregir un texto requiere muchísimo trabajo, leer una y otra vez y, a pesar de eso, cuando llega la prueba de la imprenta que uno revisa en papel, todavía quedan ¡muchísimos errores!

A mano alzada: crónicas desde lo íntimo

A_mano_alzada_G_CarrascoMe atrae la idea de algo hecho a mano alzada. Por un lado me recuerda las clases de artes plásticas, cuando a una se le permitía un lazo espontáneo, libre, realizado sin reglas ni instrumentos que delimitaran. Por eso lo de mano alzada me hace pensar en lo manuscrito, en algo libre y sin restricciones, en una escritura que es personal y que no se quiere dejar coartar por reglas externas.

Pienso en eso cuando leo la recopilación de crónicas del poeta Germán Carrasco: A mano alzada. Creo que escapar a los límites tiene algo que ver con su postura estética, al menos en lo que a poesía se refiere, por algo reniega de métricas restrictivas. Lo dice y lo repite en sus crónicas, pero he aquí un ejemplo: “¿Los que hacen rima y métrica como si estuvieran en el siglo de oro y publican libros pueden ser considerados poetas? Yo creo que no” (152). Por supuesto, en esa cita hay una postura y una crítica. Esa posición de la cual Carrasco escribe es esencial. No se puede escribir una crónica desde la ambigüedad o desde un no-lugar, por el contrario, su atractivo es que se escriba desde un lugar propio, personal, íntimo, que tenga honestidad, que las posturas, ideas, gustos, del autor se deslicen a través de las palabras, las historias, los recuerdos, las experiencias.

En sus columnas, Carrasco no elude sus experiencias, en muchos casos, surgen desde ellas, de un viaje a la Universidad de Brown o de haber escuchado una conversación cotidiana de unos carabineros fuera de su horario de trabajo. Tampoco elude sus lecturas, ¡lo opuesto! Están allí Gabriela Mistral (en un hermoso texto sobre Tala) y John Ashbery  en forma constante. E incluso, ciertas citas o ideas, vuelven a presentarse como aquella de dónde entierran los nómadas a sus muertos, expresada a partir de Julio Ramos. Es más que interesante, es atractivo, también excitante, leer sus palabras sobre el feminismo, o sobre este Chile al que él considera un Estado policial.

Anoté algunas citas: “Revertir el uso de ciertas palabras es la función de la poesía” (222) y también “las letras son celosas” (239). La primera la recuerdo porque estas crónicas están llenas de poesía, a veces se trata de prosas que parecen poesía y, otras, sus planteamientos sobre poesía, escritos no con guantes quirúrgicos, sino bien posicionado. La segunda, porque es verdad. Las letras exigen tiempo, concentración, placer, volcarse en ellas, no solo cuando se escribe, sino también cuando se lee. En el caso de estas crónicas, las fui leyendo seguidas y en pocos días; pero tengo la idea de otro enfoque: volver a leerlas, una crónica cada día, pausadas y disfrutadas de esa manera.

Carrasco, Germán. A mano alzada. Santiago: Editorial Cuarto Propio, 2013.

Esta reseña apareció originalmente en el sitio web del Diario Publimetro, donde tengo una columna de libros semanal.