Cansancio

Cansada de estar cansada.

Cansada de estar cansada.

Otra semana llena de actividades que hace que decaiga mi tiempo para escribir en el blog. Esta semana es el cumpleaños de mi hijo Tony, pero también ha coincidido con correcciones de trabajos y otras pegas eventuales que van a apareciendo. Pero es principalmente el trasnochar lo que me cansa; por mí estaría durmiendo a las diez de la noche.

Cuando estoy cansada, siempre –realmente siempre- pienso en la canción de los Beatles I’m so Tired. Crecí escuchándolos, tanto así, que me sé de memoria el orden de las canciones en los discos y me sé la letra de casi todas las canciones, a veces no enteras, pero la mayor parte. Así que sin esfuerzo, comienzan a aparecer las estrofas que me recuerdan que estoy tan cansada, que apenas he dormido un pestañazo. Y qué cierta es la parte de que, a pesar del cansancio, la cabeza no deja de pensar: se llena de ideas, de cosas que quiero hacer y de cosas que tengo que hacer; de tareas inconclusas, de cuentas por pagar, de recuerdos divertidos, de momentos tristes. Qué activa puede ser nuestra mente justo cuando queremos desconectarnos.

Escribir sobre I’m so Tired, me hizo pensar en otra canción de los Beatles, I’m only sleeping, que, de hecho, viene en mi disco favorito. “Please, don’t wake me, no, don’t shake me, leave me where I am, I’m only sleeping”, canta Lennon. ¿No es extraño conformarse con pensar en descansar? ¿O tal vez basta pensarlo?

Pensar en canciones que me han alegrado desde la infancia o tal vez antes –debo haber nacido escuchando a los Beatles-, opera de la manera correcta, dejando el cansancio atrás o poniéndolo en perspectiva. Pienso, por ejemplo, en la primera canción, y cómo va volviéndose más intensa, como sacando fuerzas incluso del agotamiento. Y la segunda, es un placer, me hace sonreír.

Por eso, no está de más recordar “Estoy cansado” de Luis Cernuda. El hablante llega a decir en un momento “Estoy cansado de estar vivo”, pero recapacita al verso siguiente: “aunque más cansado sería el estar muerto”, para concluir que “estoy cansado del estar cansado”. El poema apareció en el libro Un río, un amor de 1929 y si lo leen completo, llama la atención cómo se va llenando de la idea de estar cansado hasta el extremo de generar una sensación de cansancio. Cuando dice que el cansancio tiene plumas que nunca vuelan, en un plano literal ya habla de que el estar cansado no lleva a nada, nada se saca con andar quejándose.

Yo con las plumas, pienso en la escritura; el poema es de la década de 1920, por lo cual lo imagino escrito con pluma: ¿se cansa uno de escribir?, ¿se cansa uno de hacer aquello que siempre quiso hacer, sea lo que sea? Poetas que se preguntan por su voz y su labor, por su ars poetica. Escritores –de poemas, de críticas, de novelas, de entradas de blogs- que se preguntan (nos preguntamos) por la naturaleza de lo que hacen: escribir. Y la respuesta ante la duda y el cansancio es, ¿paradójicamente u obviamente?, seguir escribiendo.

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Correcciones

 

Corrigiendo en el balcón.

Corrigiendo en el balcón.

Estas últimas dos semanas han sido duras. Realmente mucho trabajo, correcciones de artículos y reseñas, corregir los trabajos de mis alumnos, preparar las clases, escribir mi proyecto de tesis del doctorado y leer para mi reseña semanal en Publimetro. Eso sin contar, con que sigo preocupándome de tener mi casa ordenada y cuidar a mi Tony, quien será un amor, pero también es un niño de casi cuatro años, por lo cual requiere bastante atención. De puro escribirlo, estoy cansada de nuevo.

Por eso tenía al blog esperándome. Pero heme aquí de vuelta, porque no pude evitar hablar acerca de los errores de escritura. Estos últimos días me tocó encontrarme con varios libros que penaban por la falta de un corrector de textos. No solo había muchos errores de tipeo, sino casi una total desidia acerca de cómo se escriben las palabras y se redacta un texto. Los errores en un escrito, especialmente cuando se acumulan muchos, hace que se pierda el hilo de la lectura y la atención. Me pasa lo mismo cuando veo las noticias y un despacho está lleno de incongruencias de lenguaje, termino preocupada de la forma y la historia queda en segundo lugar.

Yo no soy una inquisidora de la ortografía, pero sí me parece que un texto publicado debería pasar por todos los filtros necesarios para que no hubiera errores –y he leído varios libros sin errores-. Lo que me parece divertido es que estos mismos escritos que parecen no haber sido corregidos, se empeñan en mantener algunas prácticas que ya no son necesarias, como ponerle tilde a “solo” y a los pronombres demostrativos (este, ese, etc.). Dicho eso, tengo que agregar que corregir un texto requiere muchísimo trabajo, leer una y otra vez y, a pesar de eso, cuando llega la prueba de la imprenta que uno revisa en papel, todavía quedan ¡muchísimos errores!

¿Libros para niños o literatura para niños?

Arriba_y_abajo_oliver_jeffersEste sábado fuimos a la Feria Internacional del Libro de Santiago (Filsa) en familia, mi esposo, mi hijo y yo. La primera parada era asistir al lanzamiento del libro de Magda Sepúlveda, Ciudad Quiltra. Poesía chilena (1973-2013) -hablaré de esto luego-. Concluido el lanzamiento con una hermosa lectura de Carmen Berenguer, nos fuimos a recorrer la feria. Mi hijo Tony iba pendiente de los estímulos. De hecho, rápidamente dio con un libro del Rayo McQueen, el protagonista de la serie de películas Cars. Siempre vamos a librerías y él conoce la ubicación de la sección para niños; se va directo y me pide que leamos los libros ahí mismo. Esta vez no fue la excepción. El libro era un resumen de la segunda película de Cars, con el acento en la importancia de reconocer a los buenos amigos. De hecho, el libro terminaba con un par de preguntas para el niño: ¿alguna vez te has distanciado de un amigo? ¿Cómo lo solucionaste?

Cuando terminamos la lectura, Tony quería llevarse el libro, pero yo no quería comprar un libro como ese. Anduvimos por varios puestos, pero él insistía en que quería el libro del Rayo McQueen.

Entonces, a lo lejos, divisé el stand del Fondo de Cultura Económica. Lo había estado buscando, porque tiene una hermosa colección de libros ilustrados, textos bien escritos, que no apelan a la obviedad ni a la cursilería, hermosamente ilustrados y de buena calidad en cuanto objetos. Tony tiene varios ya, así que le propuse ir a buscar nuevos libros de uno de sus autores de cabecera, Oliver Jeffers. Había dos que no tenía en que el protagonista es siempre el mismo niño sin nombre. Optó por Arriba y abajo, en que vuelve a aparecer el pingüino que el niño conoció en Perdido y encontrado. Yo, además, le compré un Hansel y Gretel en versión de Anthony Browne, porque me gusta que tenga los clásicos y ambos somos admiradores de Browne. Estuve a punto de comprarle un de relatos de Leonora Carrington, una joya. Me arrepiento un poco, pero supongo que habrá otras oportunidades.

Ya con los libros en la bolsa, Tony corrió buscando un lugar donde sentarnos y leer su nuevo libro. Nos llevó hasta la escalera que conecta los niveles de la Estación Mapocho y le leí su nuevo cuento. También trataba sobre la amistad y su importancia. Pero era original, divertido, estimulante, bien escrito. Finalmente terminamos llevando literatura para niños y no, simplemente, libros marqueteados para el mercado infantil, probablemente un buen negocio, pero no en términos de que tengamos jóvenes lectores.

Otras entradas sobre literatura y niños en mi blog:

Libros ilustrados: leyendo El Misterioso Caso del Oso

Conejos de Pascua, conejos de cuentos

Rimas

Lecturas de infancia

No hay como el hogar

Armando nuestro nuevo hogar el año pasado.

Armando nuestro nuevo hogar el año pasado.

Este domingo recién pasado, cumplimos un año en nuestro nuevo hogar. Sabía que nos habíamos mudado en octubre del año pasado, pero no recordaba bien el día; mi marido, en cambio, es un experto recordando fechas, así que a última hora del día, nos abrazamos felices. Estar en casa era un anhelo de algunos años. Pasamos largo tiempo en un departamento demasiado pequeño para una pareja y que yo al final había llegado a odiar tanto que prefería pasar el día fuera. Con la llegada de nuestro hijo, por supuesto el espacio se volvió ridículo. Había que hacerle el quite todo el tiempo a mis libros, fotocopias y apuntes y a los juguetes de Tony. Una pesadilla. Pensábamos que nos íbamos a mudar en abril del año pasado, pero la entrega de nuestro hogar se fue dilatando hasta la exasperación.

Es raro ese sentimiento de estar todo el tiempo soñando con un hogar. En Mientras agonizo (As I Lay Dying, 1930) de William Faulkner, aparece la siguiente línea: “How often have I lain beneath rain on a strange roof, thinking of home”. Cuán a menudo he permanecido bajo la lluvia en un techo extraño, pensando en casa. A veces pareciera que el hogar es más bien un ideal, una idea que vive solo en nuestras mentes y que tiene que ver con una cierta construcción hecha a partir de recuerdos de infancia, también idealizados. Es así como cuando Dorothy dice en El mago de Oz, “no hay lugar como el hogar” (“There is no place like home”), pero ella está en Oz, como si el hogar fuera siempre algo que se ansía, pero que no se tiene ni se consigue. Supongo que tiene que ver con una especie de inconformismo, pero me parece también que el hogar no es algo estático, va cambiando y es preciso reacomodarlo y, en ese sentido, seguir buscándolo y creándolo para no dejar de sentirse como en casa.

Narrativas de infancia

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¿De dónde surgió mi interés por las narrativas de infancia? Creo que fue una convergencia de distintas cosas: el amor por los libros para niños, la lectura de ciertos libros protagonizados por niños, una invitación a presentar una ponencia en Viena. Cuando realicé mi pregrado en Estética, me enamoré del libro Visiones de infancia de María Flora Yáñez, en que la autora recuerda sus días como niña en el Chile de comienzos del siglo XX. Incluso, cuando me ponía a escribir cuentos, solía centrarme en personajes en su infancia. Una convergencia que hoy me tiene preparando mi proyecto de tesis de doctorado en este tema. En ese contexto, la próxima semana participaré en las Jornadas En el País de Nunca Jamás: narrativas de infancia en el Cono Sur, organizado por las académicas Lorena Amaro, Francisca Lange y Ghislaine Arecheta.

El objetivo de las jornadas es reflexionar sobre la infancia como figura de fracturas y discutir en torno a producciones que se preguntan por el pasado y van construyendo así nuestra memoria colectiva. El evento tendrá algunas conferencias destacadas, a cargo de Leonor Arfuch y Nora Domínguez. Asimismo habrá paneles y mesas de ponencias. En el panel que cerrará las jornadas, por ejemplo, participarán los escritores Alejandro Zambra y Alejandra Costamagna y la directora de cine Macarena Aguiló, con la moderación de Oscar Contardo. En cuanto a las mesas, las temáticas son: El niño en la literatura y las artes de la primera mitad del siglo XX (aquí participo yo); Inscripciones de la memoria infantil en el cine y la literatura chilenas; Otras lenguas, otras experiencias: exilio y límite en las narrativas de infancia; e Infancia, historia y literatura: nuevas perspectivas. Además habrá una nuestra de cortometrajes chilenos sobre la infancia en dictadura.

Las jornadas se realizarán los días 2 y 3 de octubre en el Auditorio 2, segundo piso, del Centro de Extensión UC (Alameda 640). Las actividades se extenderán entre las 10 de la mañana y las ocho de la tarde. En cuanto a mi ponencia, se enmarca dentro de mi investigación de doctorado y se titula: “María Flora Yáñez y sus espacios tomados de infancia”.

Programa

Miércoles 2 de octubre

10:00 Conferencia de Leonor Arfuch, Facultad de Ciencias Sociales e Instituto Gino Germani, Universidad de Buenos Aires: “(Auto)figuraciones de infancia”.

11:20 a 13:00 Panel: Literatura, política, infancia: algunas miradas desde Chile
-Andrea Jeftanovic (escritora y académica Universidad de Santiago de Chile)
-Rodrigo Cánovas (Letras, Pontificia Universidad Católica de Chile)
-Francisca Lange (Instituto de Estética, Pontificia Universidad Católica de Chile – Universidad Finis Terrae)
-Lorena Amaro (Instituto de Estética, Pontificia Universidad Católica de Chile)
Modera: Rubí Carreño (Letras, Pontificia Universidad Católica de Chile)

15 a 16:15 Mesa: El niño en la literatura y las artes de la primera mitad del siglo XX
– María Elena Muñoz (Universidad de Chile): La figura del niño en la pintura del cambio de siglo
– Antonia Viu (Universidad Adolfo Ibáñez): Infancia y lectura en novelas chilenas de mediados del siglo XX
– Alida Mayne-Nicholls (Letras, Pontificia Universidad Católica de Chile): María Flora Yáñez y sus espacios tomados de infancia
Modera: Constanza Robles (Instituto de Estética, Pontificia Universidad Católica de Chile)

16:35 a 18:15 Mesa: Inscripciones de la memoria infantil en el cine y la literatura chilenos
– Ignacio Álvarez (Universidad Alberto Hurtado): “Vuelven los padres: niños, historia y autoridad en la narrativa chilena reciente”
– Catalina Forttes (Pontificia Universidad Católica de Valparaíso): Solos en casa: el abandono y la soledad en Las películas de mi vida, de Alberto Fuguet y Verano robado, de María José Viera-Gallo.
– Macarena Urzúa (Universidad Finis Terrae, Fondecyt): Desde mi ventana: el desierto en los ojos de la infancia. De jueves a domingo, de Dominga Sotomayor
Modera: Francisca Lange (Instituto de Estética, Pontificia Universidad Católica de Chile – Universidad Finis Terrae)

18:30 a 20:00 Muestra de cortometrajes chilenos “de segunda generación” (narrativas visuales de la infancia en dictadura). Presenta y modera: Pablo Corro, Instituto de Estética, Pontificia Universidad Católica de Chile
– “Topo Gigio is Dead”, de David Miranda Hardy
– “Adiós General”, de Luis Briceño
– “Partir”, de Cecilia Otero

Jueves 3 de octubre

10:00 Conferencia de Nora Domínguez, Instituto interdisciplinario de Estudios de Género (IIEGE), ILH, Universidad de Buenos Aires: “La muerte del niño-a: límite e insistencia de la literatura argentina”.

11:20 a 13:00 Mesa: Otras lenguas, otras experiencias: exilio y límite en las narrativas de infancia
– Iván Pinto (Instituto de Estética, Pontificia Universidad Católica de Chile – Revista laFuga): Exilio e infancia en Eran unos que venían de Chile, de Claudio Sapiain
– Pablo Corro (Instituto de Estética, Pontificia Universidad Católica de Chile): Los niños, el límite y el tesoro en la cinematografía latinoamericana
– Catalina Donoso Pinto (ICEI, Universidad de Chile): Aproximaciones a la infancia como experiencia en el cine y la novela chilenos contemporáneos
– Valeria de los Ríos (Instituto de Estética, Pontificia Universidad Católica de Chile): Infancia en el cine de Raúl Ruiz
Modera: Román Domínguez (Instituto de Estética, Pontificia Universidad Católica de Chile)

15:00 a 16:45 Mesa: Infancia, historia y literatura. Nuevas perspectivas.
– Claudia Darrigrandi (Universidad Adolfo Ibáñez, Fondecyt): Las masas por sí mismas: performance tribal en El Río,de Alfredo Gómez Morel
– Nicolás Román (CECLA, Universidad de Chile): Imágenes quebradas en transformación: niños en música y cine en la década de los ‘70 y los ‘80.
– Ghislaine Arecheta (Instituto de Estética, Pontificia Universidad Católica de Chile): El rincón de los niños. Sobre el recuerdo fugitivo y el exhibicionismo historiográfico.
– María José González (Fundación Había Una Vez): Literatura infantil chilena y dictadura: ¿un silencio elocuente?
Modera: Lorena Amaro (Instituto de Estética, Pontificia Universidad Católica de Chile)

17:00 a 18:30 Mesa: Escrituras y transgresiones de infancia.
– Marcela Hurtado (Escuela de Artes Visuales, Universidad Austral de Chile): Deseo velado. El cuerpo de la infancia
– Claudio Guerrero (Pontificia Universidad Católica de Valparaíso): Escribir la infancia. Sujeto y memoria
– Constanza Vergara (Universidad Alberto Hurtado): El narrador de la familia. Transmisión y escritura personal en Una vez Argentina, de Andrés Neuman
– María José Punte (Universidad Católica de Argentina): El arte de los taoístas consumados: la creación de mundos de fantasía en la novela argentina reciente
Modera: Ghislaine Arecheta (Pontificia Universidad Católica de Chile – Universidad Finis Terrae)

18:30 – 20:00 Panel: La mirada de los hijos
-Alejandro Zambra (escritor, académico Universidad Diego Portales)
-Alejandra Costamagna (escritora, becaria CONICYT)
-Macarena Aguiló (directora de cine)
Modera: Oscar Contardo (periodista, editor de Volver a los 17, Planeta, 2013)

 

Listado de día viernes

El famoso Rice Portrait.

El famoso Rice Portrait.

Esta semana he leído algunos artículos que han llamado la atención por distintos motivos. Por ejemplo, fue genial encontrarse en el diario inglés The Guardian con una pieza sobre el escritor mexicano Juan Rulfo, autor de Pedro Páramo. El artículo, parte de una serie sobre el cuento, dice: “Puede leer el escaso pero denso cuerpo de la obra de Rulfo en un par de días, pero eso representa solo un primer paso en territorios que todavía deben mapearse en forma definitiva. Su exploración es uno de los viajes más extraordinarios en la literatura”. Pueden leer el texto escrito por Chris Power aquí.

Una amiga me recomendó este link sobre la metáfora en el pensamiento de los niños. Sabe que estoy metida con el tema de la infancia para mi investigación de doctorado, así que fue un verdadero regalo. El artículo apareció en el blog de Maria Popova, y aborda un libro de James Geary, I is an other. Recomendable para quienes estén interesados en niños, metáfora o las formas del pensamiento. Lo encuentran aquí.

Si han leído mi blog, deben saber que Jane Austen es una de mis escritoras favoritas. Uno de sus retratos más conocidos, es un dibujo siempre me ha molestado, más que nada porque no es una gran obra –es bastante feo, añadiría-. Más raro me parece su uso, después de que leí que la familia de Austen consideraba que el dibujo no se parecía en nada a ella. Esta semana apareció en The Times Literary Supplement, una nota en que presentan al Rice portrait, como una buena representación de la escritora. Claudia Johnson, profesora de literatura inglesa en la Universidad de Princeton, escribe el artículo, en que hace una relación sobre la pintura y por qué deberíamos pensar que es realmente un retrato de la autora de Orgullo y prejuicio. Muy interesante, lo pueden leer aquí.

Finalmente, debo decir que leer es solo uno de mis placeres. También me gusta, por ejemplo, bordar, y tejer, aunque esto último no lo hago tanto como quisiera, de hecho, todavía tengo que terminar un suéter que estoy tejiendo para mi hijo Tony. Así que me agradó mucho encontrar en el New Yorker esta nota sobre tejido y literatura de Alison Lurie. De hecho, fue muy llamativo –por decir lo menos- revisar su propuesta de que los personajes femeninos buenos preferían el tejido a palillos –como Jane Fairfax en Emma, sí, de Jane Austen- y los malos, el crochet, como Becky Sharp, la antiheroína de La feria de las vanidades, de Thackeray. Pueden leerlo aquí.

¡Buen fin de semana!

Retomando mi ritmo

Parte de la torre de libros en que estuve metida las últimas semanas.

Parte de la torre de libros en que estuve metida las últimas semanas.

Las últimas dos o tal vez tres semanas, escribir se volvió un poco complicado, simplemente por la escasez de tiempo para mí. Tenía unas fechas importantes en la universidad, y dediqué prácticamente todas mis horas diarias en leer, fichar y repasar las fichas que había hecho durante los últimos meses; ya saben, las primeras fichas suelen estar en una nebulosa, y necesitaba actualizarlas en mi cabeza.

Por eso, en vez de escribir, me dediqué a completar algunas de las columnas de libros que hecho para el sitio web del diario Publimetro, en vez de preparar algún material nuevo.

Ahora que estoy en una especie de descanso de tanto estudio concentrado –descanso autodecidido después de que ayer me estuviera quedando dormida sola-, he retomado lecturas nuevas, tratando de descubrir, recordar, encontrar, temas que me gusten, me motiven, me inquieten. Así que pronto tendré publicado aquí nuevas entradas, algunas de las cuales han estado dando vueltas en mi cabeza desde hace un par de semanas.

Entrevista con Francisco Llancaqueo

Las dos primeras páginas de la entrevista.

Las dos primeras páginas de la entrevista.

No me había dado el tiempo de escribir una breve nota sobre la entrevista que le hice al peluquero Francisco Llancaqueo y que salió publicada en la revista Mujeres de Publimetro. La entrevista surgió a raíz de un texto autobiográfico que Llancaqueo publicó con la Editorial Catalonia, y que se llama De lo bueno mucho. Hice la entrevista un día lunes en el Le Fournil de Sánchez Fontecilla. Mi hijo Tony todavía estaba de vacaciones de invierno, así que después de la entrevista iríamos a pasear al centro y aprovechar de ver la exposición de fotos de Álvaro (pololo de mi hermana) a quien Tony cariñosamente llama Bayan (ha sido un acuerdo familiar que debe escribirse con B y no con V).

La entrevista se prolongó por más del tiempo que había presupuestado, y mi esposo y mi hijo tuvieron que esperarme en la Estación de Metro Tobalaba a que llegara. Ellos estaban entretenidos y yo iba feliz, porque tenía la certeza de que había sido una buena entrevista.

Cuando preparo una entrevista hago un largo listado de preguntas, sabiendo que muchas quedarán en el tintero porque los entrevistados no suelen disponer de mucho tiempo, lo que es, en parte, una pena, porque mientras más tiempo se conversa con alguien, mejor es el resultado, ya que se van dejando atrás las preguntas obligadas o empaquetadas y se puede profundizar más. Lo mejor, creo, es cuando las preguntas comienzan a ser dejadas de lado, y la entrevista se convierte en una conversación que fluye, especialmente si buscamos más bien un perfil que información a secas.

Después de esto, realicé un par de entrevistas más, que deberían salir próximamente, ya lo iré posteando. Por lo pronto, creo que debo poner en stand by la realización de entrevistas, porque estoy inmersa en unos intensos días de estudio, lectura y fichaje para mi doctorado; espero contar sobre eso más adelante.

Entrevista con Sebastián Arrau

Esta es la primera página de la entrevista.

Esta es la primera página de la entrevista.

Esta semana apareció en la revista Mujeres de Publimetro una nueva entrevista literaria que hice, esta vez a Sebastián Arrau, el guionista de teleseries, que publicó una novela en Editorial Planeta durante el primer semestre. Una realmente no sabe las vueltas que da la vida.

Hacía años que no hacía entrevistas, desde que trabajaba en Terra, y desde que conversé con la escritora Elizabeth Subercaseaux no he parado. De hecho, esta semana entrevisté al peluquero Francisco Llancaqueo por su autobiografía De lo bueno mucho –que aparecerá publicada la próxima semana-, y otra al psiquiatra español Enrique Rojas, también por su nuevo libro, No te rindas, aunque este último no es realmente literatura, sino un libro de autoayuda.

De momento, les hago el link de la entrevista con Arrau sobre su novela El arrebato.

Vacaciones de invierno

La ilustración de El cristal con que se mira, coloreada por Tony

La ilustración de El cristal con que se mira, coloreada por Tony

El viernes, por primera vez en su vida, mi hijo Tony salió de vacaciones de invierno. Yo he tratado de explicarle qué significa, ya que temo que después de tantos días de quedarse en casa, piense que no es necesario volver al jardín infantil. Supongo que solo me queda esperar y ver, y tratar de que estas dos semanas que tenemos por delante nuestra rutina diaria no se desbande… demasiado.

Se me ocurrió escribir mi más reciente columna de libros en Publimetro, con un par de recomendaciones de textos (clic aquí para leer la reseña). La primera fue una recomendación literaria, un hermoso y breve texto de María Baranda (Marte y las princesas voladoras), publicado por Fondo de Cultura Económica. El día que ese libro llegó a casa, Tony estaba emocionado. La verdad es que siempre lo emociona abrir los paquetes con libros, aunque no tengan ilustraciones.

Además del libro de Baranda, venía El cristal con que se mira de Alicia Molina. En realidad fue este último libro el que más le gustó. Lo revisó y al descubrir las ilustraciones en blanco y negro, decidió que había que pintarlas. Fue corriendo a buscar su estuche con lápices pastel –que solía ser MI estuche con lápices pastel-, buscó un dibujo y lo pintó. Me dio mucho gusto, porque él suele esquivar ese tipo de actividades, se molesta porque traspasa las líneas o porque el círculo que quiere hacer no es perfecto. Así que verlo tomar los lápices y colorear con tanto agrado fue un placer para todos.

Reseñé el libro de Baranda, pero todavía no me he concentrado en el de Alicia Molina, ya que he estado repasando otras lecturas, tanto para la columna como para el doctorado. Las horas del día suelen hacerse escasas para todo lo que debo y quiero leer. A esto debo agregar los ratos de lectura con Tony. Anoche decidió que leyéramos algunos de sus favoritos: Cómo atrapar una estrella, Perdido y encontrado, My first London Bus. Yo solo quería que leyéramos algunas poesías de una recopilación preciosa titulada Mice are nice, con versos de Christina Rossetti y A. A. Milne, entre otros. No es poco trabajo, ya que debo traducirlos para él, y ciertamente no es sencillo traducir poesía; los leemos de todas maneras en inglés, porque no hay como el ritmo que se va tejiendo entre verso y verso.

Tony va al jardín infantil en una linda parcela en pleno cerro, por lo cual hace bastante ejercicio. Esperemos que las idas a la plaza ayuden a compensarlo. ¡Felices vacaciones!