Fiebre de submarinos

Tony jugando, el cosy y el submarino de trapo.

Tony jugando, el cosy y el submarino de trapo.

Originalmente tenía preparado subir este post el viernes en la tarde. Había optado por una nota cotidiana para cerrar la semana y saludar el fin de semana. Sin embargo, mi esposo cayó repentinamente enfermo y preparar el collage de esta nota quedó en segundo (o incluso más atrás) lugar. Ahora que se siente mejor, puedo retomar.

Mi hijo Tony es un absoluto fanático del Submarino Amarillo de los Beatles, le gusta la canción –así que le regalamos el disco en Navidad-, la película y el objeto en sí mismo. Cuando se baña de tina tiene un submarino que es amarillo y a cuerda, aunque no es precisamente el de los Beatles, con el que juega.

Y cuando yo terminé de hacer un cosy*, insistió en que quería sacar el apliqué de tela que había hecho con el perfil del submarino. Así que se me ocurrió hacerle uno de trapo. Nada difícil, dos pedazos de tela iguales, cosidos entre sí y rellenos con algodón siliconado. Excepto por el tamaño, como yo no quería un nuevo juguete de grandes dimensiones desordenando por todos lados del departamento, lo hice bastante pequeño. Pero coser en puntadas tan pequeñas y dar vuelta la tela con esos intrincados diseños de tubos, fue una tarea ardua.

Sin embargo, Tony quedó feliz, aunque ahora quiere otro de color azul con estrellas, que es el patrón del apliqué del cosy. Con un poco de suerte se le olvidará, ¿cierto?

* Solo como nota, un cosy permite mantener la tetera con el té caliente. ¡Me gustan!

Rimas

El poema "Osito, osito" junto al teddy bear de Tony.

El poema «Osito, osito» junto al teddy bear de Tony.

Ayer leía un artículo sobre Paul Auster y Siri Hustvedt, en el que Auster hablaba sobre sus primeras escrituras. Escribía poesía hasta que se dio cuenta –su idea, aunque parafraseada por mí- que la poesía imponía límites, por lo cual llegado cierto punto se seguía escribiendo lo mismo. Fue entonces que decidió dedicarse en forma exclusiva a la prosa. Por supuesto, después de eso –y a la larga – se convirtió en un escritor exitoso.

Para comenzar debo admitir que no soy lectora de Auster, menos de su poesía, ni tampoco soy detractora. Claramente cada uno elige el género, formato, modo en que desea escribir. Pero sí me sorprendió lo que decía, ver a la poesía como limitada, como un conjunto de palabras, imágenes, ideas, formas, que son finitas. Me asombró porque cuando pienso en poesía, imagino todo lo contrario: un universo inagotable. ¿De qué? De todo, de romper esquemas y de volver a escribir versos alejandrinos, de ser cotidiano o metafísico, de escribir de amor o de un día tedioso en la oficina. Por ese aspecto tan inconmensurable, es que en un principio me daba temor dedicarme al estudio de la poesía, y prefería dejarla para el placer de su lectura y de su declamación, porque hay que ver que es verdad eso de que el verso se completa cuando sale de la boca.

Hablando de esa cualidad oral de la poesía, anoche logré que Tony trajera pocos libros para la lectura usual antes de dormir. Claro que uno de ellos era 365 cuentos y rimas para niños, y si bien no leímos los 365, sí leímos un cuento sobre conejos y varios poemas pequeños. Tony le llama a ese libro “Osito, osito”, debido a que su texto favorito es un hermoso poema para irse a dormir. Y aunque él no recuerda los versos, sí recuerda su musicalidad, y recita osito, osito, inventando palabras, pero recordando el ritmo de cada verso. Así, los versos –las palabras- siempre cambian. La poesía no tiene nada de finito ni es limitante. Sí me parece que se le han achacado prejuicios, que es inalcanzable, que no cualquiera puede entenderla, que no cualquiera puede escribirla, apartándola de la vida cotidiana, cuando nace de ella. Al respecto me gusta –y me representa- lo que la escritora inglesa Jeanette Winterson dice en su texto autobiográfico:

[C]uando la gente dice que la poesía es un lujo, o una opción, o para las clases medias cultas, o que no se debería leer en el colegio porque es irrelevante, o cualquiera de esas extrañas tonterías que se dicen sobre la poesía y el lugar que ocupa en nuestras vidas, sospecho que a la gente que las dice le ha ido bastante bien. Una vida dura necesita un lenguaje duro, y eso es la poesía. Eso es lo que nos ofrece la literatura: un idioma suficientemente poderoso para contar cómo son las cosas.

No es un lugar donde esconderse. Es un lugar donde encontrar (49).

 

Bordados

bordado00La semana pasada volví a trabajar después de unas cortas vacaciones que pasamos en casa. Así que volver a la rutina me desconectó un poco de la escritura. Más bien, me concentré en la lectura, devorando (es la palabra indicada) el libro de Jeanette Winterson ¿Por qué ser feliz cuando puedes ser normal?, del cual escribiré próximamente, ojalá esta misma semana.

Mientras tanto, va una nota sobre lo cotidiano. En la crianza de mi hijo Tony, he querido mantener algunas cosas en el lado de lo orgánico, en vez de ser una madre envasada. Por eso, por ejemplo, le hacía su papilla y cosí las sábanas de su cuna. Hace poco nos mudamos de departamento, y decidí confeccionar yo misma los cuadros para su pieza. Terminé uno y estoy dedicada al segundo; ambos combinan costura y bordado. El que pueden ver en las fotos es el que ya está terminado. Opté por escribir su nombre, porque me gusta que ame las palabras y es algo que quiero seguir inculcándole. El osito que aparece lo había bordado también en una de las sábanas que le hice.

El bordado en proceso.

El bordado en proceso.

El que estoy haciendo ahora es con un autobús de dos pisos, de esos que se ven en Londres, le encantan. Mi hermana Miranda estuvo el año pasado en la capital inglesa y le trajo de regalo a Tony un libro en forma de bus llamado My first London bus. Se ha convertido en uno de los favoritos de Tony, así que lo leemos constantemente, en inglés y en español.

Me gusta bordar y a lo largo de mi historia, le he dedicado el tiempo que he podido, a veces con más empeño que otras, por supuesto. Y tratando de unir el bordado con las letras, me puse a pensar en algunos ejemplos. Por supuesto, saltan a la mente los personajes en novelas de Jane Austen, por cuanto el bordado era una de esas actividades que se esperaba de las mujeres. Pero además encontré esta novela gráfica que se llama Bordados, de Marjane Satrapi, la misma autora de Persépolis. No lo he leído, ni siquiera sabía que hubiera sido publicado. Sin embargo, por lo que he revisado, más que tratar sobre el bordado propiamente tal, trata sobre el cotilleo, al mostrar a seis mujeres iraníes que durante las tardes se juntan a tomar el té y contar sus historias. En inglés y en francés, bordar (embroider y broder respectivamente) no solo se utiliza para los adornos cosidos, sino también para el embellecimiento de los relatos, así que supongo que el bordado y la literatura sí están conectados.

Cenizas

A propósito del Pancake Day, panqueques hechos en casa.

A propósito del Pancake Day, panqueques hechos en casa.

Hoy es Miércoles de Cenizas, el día con que se inicia el período de Cuaresma para los católicos. Es una etapa a la que se pondrá fin con la Semana Santa y el Domingo de Resurrección.

Tengo varios recuerdos de pasados Miércoles de Cenizas. En uno de ellos, estaba con mis padres y hermanos en un hotel de Miami, pasando unas de las mejores vacaciones que tuvimos como familia. Claro, habíamos conocido a Mickey Mouse, pero además esas hermosas y tranquilas playas en que nadábamos… fue inolvidable. A pesar de que la iglesia pide que sea día de abstinencia, comimos unos mini hot dogs. De hecho, estábamos comiéndolos cuando me di cuenta el día que era, ups.

Tengo un segundo recuerdo, también internacional. Estaba en Bournemouth, Inglaterra, estudiando inglés. Allá al día anterior al Miércoles de Cenizas se le llama Pancake Day, lo que quiere decir es que se comen panqueques. Por supuesto, tiene que ver con comer lo que durante la Cuaresma estaría prohibido, los panqueques serían entonces una última indulgencia antes de comenzar un período de privaciones. Yo me alojaba con un matrimonio muy agradable, los señores Dean, y ese día, la señora Dean hizo varios panqueques que comimos a la inglesa, es decir, con azúcar y limón. Estaban exquisitos, aunque debo admitir que los prefiero con una rica mermelada o con miel, no soy fanática de los rellenos con manjar.

Es extraño tener estos recuerdos que no hacen referencia a la cruz que marcan con cenizas en la frente de una durante la ceremonia religiosa, aunque también me vienen a la mente muchos momentos así, aunque más bien similares, hermosos, pero me cuesta identificar de cuándo son o qué circunstancias los rodearon. Supongo que los recuerdos tienen mucho de cenizas también, se los lleva el viento.

No había pensado en escribir sobre el Miércoles de Cenizas hasta que vi en Facebook que Tercera Cultura había publicado la quinta parte del poema “Ash Wednesday” de T. S. Eliot, que comienza “Si se perdiera acaso la palabra perdida…” o en inglés “If the lost word is lost…” Hermoso poema, me gusta especialmente cuando ya casi al final dice: “Teach us to sit still / Even among these rocks”. (Pueden leer el poema completo, en inglés, aquí).

Querido diario…

querido_diario_01Cuando era niña, y creo que esto era especialmente cierto en Iquique, un regalo obligado en las fiestas de cumpleaños eran los diarios de vida. Los diarios y las cajas de música. Como la casa en que vivíamos en calle Baquedano era grande, se llenaba de amigos expertos en traer esos dos regalos. No recuerdo si los regalaba también cuando yo era la invitada. Cuando nos mudamos a Copiapó, los diarios de vida seguían siendo regalos vigentes, no así las cajas de música. Los tenía de los más diversos motivos, tamaños y algunos de hecho estaban repetidos. Cada entrada la titulaba “Querido Diario”, y la verdad es que escribía cosas más bien banales, cosas que hacía, más que pensamientos o sentimientos. Tampoco eran anécdotas apasionantes: no había aventuras ni jeans mágicos, solo la vida cotidiana. En el paso a la adolescencia tuve un diario que me encantaba, que no tenía llave, sino que era un grueso cuaderno en color pastel, que escribí desde la primera a la última página.

Con el paso de los años, la actividad escritural decayó, aunque siempre me han fascinado los diarios como formato y como objeto, razón por la cual he comprado varios a lo largo de los años. Esto ha incluido diarios de viaje, algunos más completos que otros, en los que sí ha habido aventuras y se han convertido también en una forma de descargarse de los malos ratos que algunos viajes han significado.

querido_diario_02Hace unos años atrás compré un hermoso everyday journal en Harrod’s, y traté de escribir ahí con alguna periodicidad. Lo estuve releyendo la semana pasada, por encima, al encontrarme con pasajes que no quería recordar, pero también con momentos excelentes. El texto se interrumpe en 2008: estaba casándome y en el segundo año de la Licenciatura en Estética, al mismo tiempo que trabajaba. Después todo sería una montaña rusa, con el nacimiento y crianza de Tony, la búsqueda de un hogar, y la maestría en Literatura. Todo ese tiempo intenso y maravilloso no quedó más que en mi memoria, y diría que en cientos de fotos y apuntes de clases.

No encontré por casualidad el diario, sino que lo busqué, ansiosa de volver a descargarme en palabras escritas. Hace una semana comenzamos la operación “quitarle los pañales a Tony” y ha sido intenso, porque él no ve la necesidad de dejar de usar pañales. Agotada, me puse a escribir de nuevo. Luego, dándole vueltas al asunto, me pareció que un blog también es una especie de diario de vida, uno que no busca que sus textos permanezcan en secreto, sino que los lea quien se interese. Debo decir que en la operación ha habido progresos, lo que hace que a los momentos de agraz se agreguen los de miel también. En cuanto al diario objeto, solo el tiempo dirá si pude dedicarme a él como me gustaría. Me propongo revisarlo a fin de año. Entonces veremos si se convierte en post.

Lecturas de infancia

Tony leyendo Cosas que me gustan, de A. Browne

Tony leyendo Cosas que me gustan, de A. Browne

Siempre tuve fascinación por las letras. Cuando pequeña me encantaba un libro de profesiones de personajes de Walt Disney, en particular la página dedicada al escritor, y solía escribir historias chiquitas. Desde entonces, he escrito diarios, notas, reportajes, columnas, entrevistas, artículos académicos, y he ido llenado mi casa de libros. También de chica, -y todas estas historias son de antes de que cumpliera ocho años-, tenía dos libros ilustrados del cuento de la Caperucita Roja que me encantaban. Los dos tenían estilos muy diferentes; en realidad tienen, porque todavía existen y he tratado de introducírselos a Tony, mi hijo de tres años, pero él todavía no siente interés por la niña de la caperuza roja.

Como yo Tony también tiene fascinación por las letras, literalmente ama las letras, se sabe bien el abecedario en español y en inglés y está todo el rato deletreando palabras. De hecho, tiene varios juegos con letras y me robó mis moldes para galletas en forma de letras, porque insiste en que son para jugar y no para comer.

Tony en medio de la colección de libros que llevó para leer antes de dormir.

Tony en medio de la colección de libros que llevó para leer antes de dormir.

Esta combinación de recuerdos y placeres, viene a raíz de algo que sucedió hace unos días atrás. Era tarde y Tony no tenía muchas ganas de subirse a la cama a dormir. En verano hace todo lo posible por prolongar la hora de vigilia. Le dije que fuera a buscar uno de sus libros para que leyéramos en la cama y después podría dormirse más tranquilo. Su grito de ¡sí! debió adelantarme por lo menos parte de lo que vendría. Demoraba mucho en volver de su dormitorio, y yo lo llamaba, apurándolo para que leyéramos el cuento. Vuelve a la pieza no con uno sino con unos seis libros, los deja sobre la cama y vuelve a su dormitorio por más. Terminó trayendo todos los que tenía en el lado izquierdo de la cabecera de su cama, en la que tiene su propia biblioteca instalada. Es una colección que fuimos armando desde que supimos que estaba embarazada y a la que constantemente añadimos nuevos títulos.

Un acercamiento a los libros del relato de este post.

Un acercamiento a los libros del relato de este post.

Tony no solo quería traer los libros y sentarse en la cama con ellos, sino que quería que ¡los leyéramos todos! Transamos en solo algunos, por lo cuales siente mayor predilección: Cosas que me gustan de Anthony Browne (¡le encanta!); Pato está sucio, Perro tiene sed, Gato tiene sueño y Ardilla tiene hambre, de Satoshi Kitamura (los tres primeros los tiene autografiados por el autor); Tento busca su osito de Ricardo Alcántara; A dormir de Liesbet Slegers (de hecho, lo “leyó solo”, se lo sabe de memoria); Little Quak de Lauren Thompson; y un poema cortito para irse a la cama que viene en 365 cuentos y rimas para niños. Él quería seguir leyendo, pero finalmente se acurrucó y se quedó dormido. Mis lecturas ahora son un poco distintas, pero finalmente yo también me quedo dormida rodeada de unos cuantos libros, porque tampoco puedo leer solo uno a la vez.

De libros y comidas

De libros y comidas

Pollo a la mostaza inspirado en el libro de cocina de Jamie Oliver.

Durante la semana no suelo cocinar, solo para Tony, u horneo algo dulce en la tarde (como quequitos o galletas). Los sábados son los días del almuerzo producido, cuyas ideas muchas veces salen de los programas de cocina de los cuales soy una verdadera fanática, en especial Jamie Oliver y Nigella Lawson. Lo que hago es adaptar algo que vi y que recuerdo a grandes rasgos, ya que soy muy mala tomando nota de los programas, siempre me falta algo. De esas adaptaciones salieron unos ricos tacos de pescado que disfrutamos hace algunos meses atrás. El sábado pasado Antonio recibió temprano una llamada de sus padres para ir a revisar cosas suyas que todavía quedaban en su ex pieza. Antes de salir me dice: “¿por qué no sacas el pollo que hay en el congelador para el almuerzo?” Aunque no lo mencioné, no tenía muchas ganas de sacar el pollo, ya que llevábamos algunos fines de semana comiéndolo, en general cocinado con mirin, aunque con distintos acompañamientos, por lo cual estaba un poco aburrida del plato aquel.

A pesar de mi reticencia,  puse el pollo a descongelar en el lavaplatos (nosotros somos del club anti microondas). Y lo que se me ocurrió fue recurrir a un libro que Antonio me regaló el año pasado. No tengo muchos libros de cocina, creo que tengo tres o cuatro, cada uno sobre temas diferentes: comida para niños, puddings, etc. Ah, también tengo un diario de cocina thai con recetas, un excelente regalo de la Embajada de Tailandia en Chile, que recibí en una de sus exquisitas degustaciones de comida tradicional. Estoy planeando ya ponerme manos a la obra con ese diario, aunque no sería mi primera vez cocinando platos tailandeses, algo de experiencia tengo en eso. El que tomé en esta oportunidad es un maravilloso librote de tapa dura de Jaime Oliver que un amigo inglés trajo en su maleta, una alternativa excelente teniendo en cuenta el sobreprecio de sus libros en Chile. No he cocinado mucho con el libro, pero sí me fascina leerlo y revisar las fotografías, que son tentadoras en dos sentidos: porque la comida se ve rica y hermosa, y porque me gustaría aprender a fotografiar alimentos de esa manera. A propósito, el nombre del libro es Jamie’s 30 minute meals.

de_libros_y_comidas_02El asunto es que le di vuelta a las páginas y encontré una receta de pollo con mostaza que, por supuesto, también adapté. Pero fue extremadamente fácil y rápido. Tenías unas supremas de pollo ya descongeladas, a las que añadí romero y mostaza (de sabor fuerte, no me gusta esa suave tan popular aquí) y llevé el pollo al sartén con aceite. Cuando estaban listos, eché arvejitas y dos dientes de ajo picados (gracias a Antonio, mi picador oficial de ajo); la receta original no llevaba arvejas, sino puerro, pero obviamente no tenía en casa; no creo que alguna vez haya comprado puerros siquiera. Dejé que las arvejas y el ajo se cocinaran un poco, y eché vino blanco y crema, de esa que viene en pequeños envases tetra. Lo dejé un rato a fuego lento, siempre revolviendo, y ¡listo! Quedó delicioso. Lo disfrutamos mucho, así que se me ocurrió compartir esta historia de libros y comida.

Feliz aniversario, Lizzie Bennet

blog_oyp_01No recuerdo mucho acerca de la primera miniserie que vi basada en Orgullo y Prejuicio. No, no era la clásica con Jennifer Ehle y Colin Firth, sino una versión anterior. Lo que sí recuerdo es que fue la causante de que tiempo después fuera la dueña de una hermosa edición de tapa dura verde del libro de Jane Austen. Por supuesto, luego vi la versión famosa –en variadas oportunidades- y la más reciente adaptación cinematográfica con Keira Knightley, también en variadas ocasiones. Sin embargo, ninguna de esas adaptaciones se aproxima al placer de la lectura de Orgullo y Prejuicio.

Jane Austen es una de mis autoras de cabecera y Orgullo… es, sin duda, mi favorita, tanto así que cuando en clases de Literatura Comparada un profesor preguntó qué libro salvaríamos para la posteridad –o una pregunta muy similar a esa- yo la escogí sin dudarlo. Claramente para esta elección combiné factores que llamaría neutros, como la calidad de su prosa, la construcción de los personajes, el manejo de la tensión, etc.; y afectivos, por ser el primer libro de Austen que leí, y porque cada vez que formo en mi mente esas tapas verdes con letras doradas, siento una mezcla de placer y calma.

Pienso en los 200 años que cumple el libro, y me impresiona su escritura. Está claro que las condiciones de la mujer no son las mismas, pero un personaje como Lizzie Bennet, independiente y que se atreve a expresar su opinión, sigue vigente. Así será hasta que la igualdad de géneros sea más real, y una deje de cumplir todos los roles, en vez de elegir los roles que quiere cumplir, y además ser la que gana menos en la pega o que es mirada por los demás hombres en la mesa de reuniones para que se levante a servir el café a todos.

Por supuesto, Orgullo y Prejuicio tiene una historia de amor: la de Lizzie Bennet y Mr. Darcy. Pero también tiene un humor impecable, que hace que personajes como la señora Bennet sea soportable y también una situación de injusticia social y de género inesquivable: el hecho de que las hijas no puedan heredar a la muerte del padre y, en vez de eso, deban quedar a merced de la bondad del único heredero hombre, quien, de hecho, podía ser finalmente un pariente lejano. Así puede entenderse la desesperación de la madre de las cinco Bennet de casar a sus hijas, lo que se convertía en la única manera de asegurarles el futuro. Esta preocupación se encuentra también en otro texto maravilloso de Austen, Sensatez y Sentimientos, en el que efectivamente cuando el padre muere las mujeres (la madre y las tres hijas) deben buscar un lugar que puedan pagar cuando el heredero, hijo del primer matrimonio del padre, decida que cuando en su lecho de muerte el padre le pidió que no dejara desprotegida a su familia, en realidad, le estaba pidiendo que de vez en cuando viera cómo lo estaban pasando.

blog_oyp_02Austen utiliza el humor como una manera de incluir la crítica social en sus textos. Pienso en el personaje de Lizzie nuevamente, no solo es inteligente, sino mordaz, solo así puede rechazar la propuesta de matrimonio que le hace su primo el señor Collins, con la cual no solo salvaría su propio pellejo, sino el de toda la familia, después de todo, la herencia quedaría entre amigos. Es imposible no preguntarse si realmente había mujeres que podían darse el lujo de decir que no, como lo plantea su amiga Charlotte Lucas: siendo ya una carga para sus padres, no podía despreciar una oportunidad para llevar una vida decente. El humor de Austen no es inofensivo ni destinado a entretener a sus lectores. En el libro Laughing Feminism: Subversive Comedy in Frances Burney, Maria Edgeworth, and Jane Austen, la autora Audrey Bilger, muestra cómo los críticos trataron de bajarle el perfil al humor de Austen porque ante los lectores victorianos debía resguardarse todavía la feminidad de la mujer, claramente el humor no era indicado como parte del carácter de una mujer femenina. Sin embargo, estaba Austen y otro grupo de mujeres novelistas, que mostraban la opresión sexista a través del humor. Dice Bilger: “El humor feminista, entonces, codifica un mensaje importante sobre la relación de las mujeres con la ideología dominante. Incluso si las reglas para una conducta femenina apropiada requerían una modesta sumisión a la autoridad masculina, las mujeres que podían verse a sí mismas como ‘cuerpo lesionado’, como Austen califica a los novelistas en Northanger Abbey (37), podían también aprender a reír como un grupo frente a las imposiciones del poder masculino” (33).

Con esto del humor, se me vienen dos ideas a la mente. Primero es un libro de Austen escasamente conocido, pero que me resulta siempre entretenido de leer, Lady Susan, particularmente porque la protagonista Lady Susan no es una heroína, sino una de esos detestables personajes secundarios que andan maquinando en contra de los demás en sus otros libros: tomar a la malvada –como bien podría ser una Caroline Bingley- y convertirla en el centro, se inserta también en ese humor crítico y denunciante. La segunda idea es otro libro La muerte llega a Pemberley, escrito por P. D. James, quien interviene el mundo de Orgullo y Prejuicio con un asesinato, en que la misma Lizzie es sospechosa. James también sabe de humor, y no deja de ser atractivo ver cómo pinta a los personajes de Austen desde otro punto de vista, poniendo, incluso, en duda que Lizzie esté realmente enamorada de Darcy, como serían los comentarios maliciosos de los vecinos y conocidos, sino más bien de su acaudalada renta.

Finalmente, cómo no celebrar estos 200 años de Orgullo y Prejuicio releyendo el libro. Lo tengo listo para agarrarlo después de que termine Pemberley. Ah, y para fanáticos como yo, me encanta la película El Club de Lectura de Jane Austen, aunque no esté de acuerdo con todo lo que sus personajes opinen de mi libro de cabecera. Acabo de googlearlo y veo que el título de la película en castellano es Conociendo a Jane Austen, equivocadísimo, pero puede ayudar a algún interesado a buscarla.

PS: Mi edición de Orgullo y Prejuicio es de 1984 y al parecer no estaba todavía de moda en español, ya que es una versión en que Lizzie Bennet es Isabelita Bennet y su hermana se llama Juana. La leí por primera vez cuando tenía doce años y supongo que en ese entonces pesaba más lo divertido y la historia de amor.

¡Llegó la revista!

El número de Acta Literaria con mi artículo.Hace una semana mis hermanas y sus respectivos pololos estuvieron de visita en casa para una noche de comidas y bebidas: sushi, piña colada (que yo preparé), uvas, galletas y una rica salsa para untar que surgió de un trozo de suprema de pollo que impedí que Antonio, mi esposo, comiera al almuerzo, pensando en que podría hacer algo con ella en la noche.

Cuando mis hermanas tocaron la puerta, traían unas ricas galletas de chocolate y cerveza, pero también un paquete que les habían pasado en recepción. Era un sobre de esos de plástico de Correos de Chile, bastante gordito, dirigido a mí. Desde que nos mudamos al departamento, -por fin un hogar al que podemos llamar nuestro y en el que todo tiene su lugar, funciona y está entero-, he recibido varios paquetes. Los años anteriores pedía todo a la dirección de mi mamá, ya que pasábamos poco en casa y no siempre había alguien en la recepción que asegurara que recibiríamos nuestros encargos.

Lo que he recibido en el último par de meses por correo son libros, y la verdad es que me encanta. No puedo pensar en algo mejor que encontrar un libro al romper el sobre de papel kraft con mi nombre en el anverso. Como esta vez era uno de esos sobres rojos del correo, me llamó la atención, pero rápidamente vi quién era el remitente: la revista Acta Literaria. Apenas unos días atrás les había dado mi dirección para que enviaran la revista y correspondiente separata con mi artículo “Jorge Teillier: la inscripción de una historia familiar”. ¡Habían llegado por fin y tan pronto! Ansiaba ver en papel el artículo, puesto que ya lo había visto en la versión en PDF. En este caso, había una emoción extra, después de todo, mi firma estaba ahí, y, aunque una se resista, publicar en revistas indexadas es parte de la labor académica actual. Por eso, este artículo es tan importante. Dicho eso, también es importante para mí el incluir otros tipos de escrituras, aunque no den puntos institucionales.

Esta soy yo abriendo la revista en mi artículo

Esta soy yo abriendo la revista en mi artículo

De todas maneras, me deja muy contenta la forma en que abordé este artículo, a partir de mi experiencia con la comida de Tony, mi hijo, a quien durante bastantes años le hice sopitas con variadas verduras y carnes. Aprovecho de admitir que las hice hasta hace muy poco, porque a pesar de que a Tony le salieron sus dientes en forma muy temprana, y que no tiene problemas en morder, por ejemplo, una galleta, se resistía a dejar de comer estas papillas en que el ingrediente principal siempre era el zapallo (si no lo agregaba, no le gustaban tanto). Pero las últimas semanas Tony comenzó a resistirse a su sopita, por lo cual fue definitivamente abandonada y reemplazada con comidas sólidas y enteras, como la omelet con queso y pollo asado que le di ayer.

Volviendo al artículo de Teillier, es una lectura de cinco de sus poemas en que comidas y bebidas son metáforas del sujeto poético: “Otoño secreto”, “Huerto”, “Día de feria”, “Sentados frente al fuego” y “La fiesta”. Tengo dos aspectos en común con esos poemas. Uno es el amor por lo cotidiano, por esas pequeñas cosas que hacen que el día funcione; y el segundo es la comida, porque no hay nada mejor que cocinarle algo rico a la gente que amas o disfrutar de unas ricas uvas o cerezas cuando tu hijo ya duerme y tú te tomas un momento para descansar precisamente de la cotidianidad. Si les interesa –¡y los invito a hacerlo!- pueden leer el artículo en el siguiente link. Ah, y para los que no están familiarizados con estos poemas maravillosos de Teillier, pueden encontrarlos todos en su libro Para ángeles y gorriones, pero no lean solo los cinco, ¡sino todos!

Y sobre el placer de recibir libros –a todo esto, al romper el sobre plástico del correo, ¡estaba el sobre de papel kraft ansiado!-, ya les escribiré acerca de lo que he recibido. Habrá otros momentos para eso.

Presentándome

blog01Hace pocos meses concluí, entregué y defendí mi tesis para optar al grado de Magíster en Letras mención Literatura. Realicé una lectura del poemario El sol mira para atrás. Antología personal de poesía y prosa de Delia Domínguez a partir de lo que llamé una escritura de mujeres feminizada, concepto al que llegué gracias a las lecturas de un variado grupo de mujeres, desde Hélène Cixous a Nelly Richard. Mi aproximación a ese texto fue también personal, tanto al leer los maravillosos poemas de Delia Domínguez, como al escribir la tesis. Y fue personal no solo porque partí de mi experiencia, como mujer y madre, también por supuesto como lectora, sino porque busqué plasmar esas experiencias en mi texto. Lo encontraba fundamental, teniendo en cuenta el carácter tan íntimo de las poesías de Delia.

Para ser honesta, no era la primera vez que lo hacía. En mi primera aproximación escrita a la obra de Jorge Teillier –antes solo lo había leído por el placer de leerlo y no para analizarlo-, también expuse mi experiencia personal, relatando un quehacer cotidiano para mí: hacerle de comer a mi hijo. Resultó algo natural, por cuanto lo que estaba buscando en Teillier eran precisamente sus alusiones a la comida, aunque sin quedarme en el aspecto superficial, sino buscando aquellas que fueran metáforas o imágenes de otro tipo de reflexiones de carácter más profundo.

Leer desde la experiencia y plasmarlo en un texto estaba también presente en un maravilloso libro que me prestó un profesor, titulado The Intimate Critique. Autobiographical Literary Criticism, en que una serie de académicos e investigadores abordan obras y autores desde un punto de vista autobiográfico, o plasmando su experiencia en los textos, mostrando que fue clave para abordar textos y reflexiones. Lo he leído varias veces, porque siento que esa es mi manera también de aproximarme al ejercicio crítico. En este texto encontraba trasfondos teóricos, pero mi intuición ya se había ido por ahí, cuando en mi curso de Crítica Literaria de la Licenciatura de Estética, abordé el cuento Fantasías de Alejandro Zambra desde el recuerdo de mi primera gran mudanza desde Iquique a Copiapó cuando era una niña (esa crítica impresionista está ya publicada en el blog, pueden verla aquí).

Había comenzado ya este blog, con algunos de los textos que iba escribiendo, pero me di cuenta que entre ser madre, estudiante, y profesional que trabaja, el tiempo se me escapaba y que utilizar el mismo lenguaje académico más crudo me cansaba si quería aplicarlo a algo que estaba iniciando por cuenta propia. Así que con este cambio de blog, desde Plaza Literaria a Bueno, bonito y letrado, mi interés es hacer justamente eso que quiero imbuir en la práctica académica: incluir la experiencia, la autobiografía, en vez de esquivarla, como si cuando una escribe no tuviera género ni preocupaciones ni emociones. Así que bienvenidos nuevamente.